Expertos franceses recomiendan trasladar los fosfoyesos de Huelva a un cementerio nuclera

La radiación gamma en los fosfoyesos es hasta 38 veces superior a lo normal.

El laboratorio francés confirma la presencia en altas cantidades de sustancias cancerígenas como el radón 222, el polonio 210 y el radio 226.

Expertos del laboratorio francés CRIIDAD especializado en investigación y medición de la radiactividad, tras una exploración in situ del terreno y rigurosos análisis, han confirmado la gravedad del problema radiactivo generado por la empresa Fertiberia en las Marismas de Huelva, a causa de sus vertidos de fosfoyesos radiactivos (más de 120 millones de toneladas en unas 1.200 hectáreas de marismas). En sus conclusiones, en las que confirman la presencia de sustancias radiactivas tan peligrosas como el radón en la atmósfera y el radio 226 y el polonio 210 en tierra, polvo y agua, recomiendan confinar estos residuos en un cementerio nuclear.

Los resultados de los análisis confirman niveles de radiación gamma de hasta más de 38 veces los niveles normales y dosis equivalentes de entre 2 y 9 veces lo normal, de tal manera que la población, y muy en particular los trabajadores que llevan a cabo actividades en esa zona, se ven expuestos a un riesgo radiológico muy significativo.

Además, el laboratorio francés concluye que esos vertidos producen constantemente un gas radiactivo, el radón 222, que se dispersa en la atmósfera. El carácter cancerígeno de ese gas es sobradamente conocido, y los especialistas estiman que sería responsable del 10% de los cánceres de pulmón.

Estos especialistas recuerdan que los fosfoyesos son residuos que contienen sustancias radiactivas de periodo físico (vida media radiactiva) muy largo y de radiotoxicidad muy fuerte, y recomiendan que sean retirados de la zona de vertido y se traten como residuos radiactivos, alojándose en contenedores estancos y almacenándose en un emplazamiento para tal fin que presente garantías de confinamiento a muy largo plazo.

Greenpeace aportará el informe del CRIIRAD a la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo, que tramita una queja registrada por Greenpeace (por la vulneración de las Directivas sobre radiaciones ionizantes, gestión de residuos tóxicos y peligrosos y protección de las aguas que se está dando en las marismas de Huelva), a consecuencia de la cual la Comisión Europea, a petición del Parlamento, ha iniciado una investigación.

Por otro lado, el 17 de octubre pasado, un equipo de expertos internacionales de Greenpeace hizo pública la existencia de un vertido radiactivo de cesio-137 al río Tinto, procedentes de las más de 7.000 toneladas de material contaminado radiactivamente por el accidente de Acerinox en 1998 y que se enterraron de forma incontrolada en el mal llamado Centro de Recuperación de Inertes (CRI) nº9, ubicado en las Marismas de Mendaña, dentro de las marismas de los ríos Tinto y Odiel, en Huelva.

Desde ese momento, Greenpeace ha demandado a la Junta de Andalucía y el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) en varias ocasiones y por la vía legal, explicaciones al respecto, que aún no se han recibido, y ha exigido que se adopten medidas urgentes para evitar que continúen esos vertidos radiactivos al Tinto.

El CRIIRAD ha estudiado las muestras de agua y lodos contaminadas por ese vertido que Greenpeace mandó a analizar a esta entidad. El resultado de las mismas confirma las peores sospechas de Greenpeace: los niveles de cesio-137 son muy altos (hasta 3.200 Bequerelios/kg seco; en la Naturaleza el nivel debería ser de cero, ya que el cesio-137 es un isótopo totalmente artificial). Estos datos son especialmente preocupantes, dado el peligroso comportamiento biológico de este radionúclido.

El cesio-137 es un radionúclido de origen artificial, que se genera en los reactores nucleares y en las explosiones atómicas. El cesio-137 origina dos tipos de radiación: beta y gamma. La vida media radiactiva de este radionúclido es 30,2 años. La magnitud de la energía emitida debe considerarse elevada y, por ello, su riesgo biológico alto.

Desde el punto de vista biológico, el cesio-137 se comporta como el potasio, se iincorpora al organismo y determina una irradiación interna persistente. Si bien se distribuye de forma bastante homogénea por todo el organismo, las concentraciones de cesio-137 en músculo y hueso son más elevadas que en otros tejidos, al igual que ocurre con el potasio. La vida biológica media del cesio-137 en el organismo se sitúa alrededor de los 70 días (ello indica que no alcanza el estado de equilibrio hasta al cabo de un año -5 vidas biológicas medias-, es decir que durante ese tiempo va acumulándose en el organismo hasta que lo ingresado es igual a lo excretado). De ello deriva que la irradiación interna es considerable. Como consecuencia, es causa generadora -o incrementa el riesgo- de neoplasias que se manifiestan entre lo 10 y 30 años después de la exposición. Se ha descrito un incremento de sarcomas como consecuencia de esta irradiación, aunque puede aumentar también el riesgo de carcinogénesis en numerosos tejidos.

Es importante considerar que la exposición humana al cesio-137 se produce vía inhalatoria y, mucho más frecuente, por ingestión de alimentos. Por la característica mencionada de comportarse como el potasio, este radionúclido se incorpora a las cadenas tróficas vegetales y animales, magnificándose en muchos casos sus concentraciones en los tejidos a medida que se asciende en las cadenas tróficas, alcanzando así a los humanos. En el caso de Huelva el punto clave de exposición humana habría que buscarlo en el pescado de la zona, pues a partir de las marismas tiene que alcanzar el mar en un momento u otro, ya sea directamente ya a través de organismos de la zona.

Vía: Ecototal

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