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La caza amenaza la existencia del Oso Pardo.

La actividad cinegética amenaza la supervivencia de los 125 ejemplares de la Cordillera Cantábrica, último reducto de la estirpe occidental europea.

El final de la Primavera Verano es más generoso en dos recónditos valles de la montaña palentina. Allí abunda la bellota del roble, el último manjar antes de la Primavera Verano austero. Todos los que estudian y siguen al oso pardo (Ursus arctos) saben que a esos bosques acuden estos días buena parte de los 25 a 30 ejemplares que resisten en la población oriental, la más vulnerable de las dos que sobreviven en la Cordillera Cantábrica, que acoge a los últimos representantes puros de la estirpe europea occidental de la especie.

Estas dos poblaciones encaran un futuro lleno de contradicciones. Mientras el sector occidental, en un 80% ubicado en Asturias, ha experimentado un tímido pero continuado crecimiento en la última década (hasta superar los 100 ejemplares), la población oriental –en un 80%, territorio castellanoleonés– está estancada y se enfrenta a un empeoramiento progresivo de su hábitat.

En aquellos dos apartados lugares donde los osos acuden a por la bellota, por ejemplo, es factible que topen con cazadores, como denuncia el catedrático de Zoología de la Universidad de León, Francisco Purroy: “La Junta de Castilla y León autoriza batidas de caza al jabalí en pleno invierno, a pesar de ser contrario al plan de recuperación de la especie”.

En un punto aledaño a la celebración de una de estas cacerías se encontró el último oso muerto, el 1 de diciembre. Según el informe oficial, aunque tenía un fuerte golpe en la cara, su muerte apunta a “causas accidentales”. Aún falta el análisis toxicológico, pero la Consejería de Medio Ambiente parece haber dado el caso por zanjado, no ha visto necesario pedir la suspensión de las batidas previstas en la zona. En la que se celebró el 9 de diciembre se espantaron no menos de cuatro osos, entre ellos, hembras con crías, según asegura la Plataforma para la Defensa de la Cordillera Cantábrica, que remite a testigos directos.

Para Purroy, una de las principales amenazas para la población oriental de osos es el uso ilegal de venenos, “alarmante en Palencia”, dice. Purroy valora el trabajo de la Junta en cuanto a sensibilización, sobre todo con escolares, pero suspende su gestión cinegética, que autoriza “batidas en áreas críticas de alimentación otoño-invernal”.

El investigador de la Universidad de Oviedo Javier Naves señala también a la gestión de la caza en Castilla y León como “una de las principales amenazas para la supervivencia del núcleo osero oriental”. Naves opina que “se da prioridad al aprovechamiento económico frente a la conservación”. Una consecuencia es la apertura de cientos de kilómetros de pistas en montes vírgenes, para permitir el acceso de los vehículos hasta los puestos de caza.

Purroy, en su libro El oso pardo. Un gigante acorralado (Edilesa, 2007), detalla cómo el valle leonés de Casasuertes, con una superficie de 50 kilómetros cuadrados, pasó de disponer de una red de 4,7 km de pistas, en 1990, a 47,9 km en 2001 (las carreteras allí apenas crecieron en el periodo 100 metros, hasta los 6,8 km). El resultado fue que el oso dejó de criar y el urogallo se extinguió, pero nada se movió. La Junta sigue abriendo nuevas pistas en el corazón osero.

Uso de fondos europeos

Un dato llamativo es que muchos de esos caminos se han financiado con dinero recibido de la UE precisamente para compensar el lucro cesante que supone la preservación de hábitats naturales de alto valor. Más de 15 millones de euros se han obtenido en la última década para apoyar la conservación del oso.

El debate sobre los fondos públicos llega al máximo en el caso del proyecto de la macroestación de esquí de San Glorio, que también pretende beneficiarse de ellos, supuestamente, en aras del desarrollo económico de la comarca.

Encabezado por una conocida empresa del sector, aspira a dar cabida a más de 20.000 esquiadores y cuenta con el apoyo no sólo de la Junta, sino de todos los partidos presentes en las cortes castellanoleonesas, además de un entusiasta seguimiento en los pueblos de su área de influencia.

“La realización de este proyecto sería la puntilla definitiva para la población oriental de osos”, sentencia el profesor Purroy, que coincide con el veredicto de todos los especialistas, nacionales e internacionales.

La Junta ofrece datos de censo y legislación a través de un portavoz de prensa, pero no responde a Público sobre las críticas coincidentes de los investigadores.

En la zona occidental tampoco las mieles se sirven solas. Naves asegura que “la futura autovía Ponferrada-La Espina amenaza con fragmentar la población e impedir el intercambio genético”. La proyectada carretera atravesará el Parque Natural de las Fuentes del Narcea, hasta ahora, uno de los santuarios del oso pardo autóctono.

Vía: Publico.es

Habría que preguntarse en que beneficia la caza, y sobretodo, que consideración les merece el oso pardo a los cazadores; ¿también hay que regular su población? Por lo que hemos visto no se puede dejar que hagan lo que quieran…

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