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‘Ley seca’ contra la botella de agua

El Gobierno británico ya no comprará agua embotellada por su impacto ambiental. Según Greenpeace, para fabricar un envase de un litro se emplean cinco en el proceso.

El agua levanta pasiones, ya sea por su escasez, su precio, su procedencia y ahora, también, por su impacto ambiental. El Gobierno británico acaba de anunciar que la Administración va a dejar de consumir agua embotellada porque sus emisiones, transporte y consumo de energía perjudican el medio ambiente. En total, consumirán 250.000 botellas menos al año.

El origen de la polémica se encuentra en un documental emitido en la BBC en el que se aseguraba que un litro de agua envasada puede generar 600 veces más CO2 que otro procedente del grifo. Varios políticos británicos criticaron después el consumo de aguia envasada, mientras que conocidos chefs londinenses y el propio alcalde de la capital, Ken Livingstone, pedían a los consumidores que no se avergonzaran de pedir agua de grifo.

Y es que el consumo del agua embotellada plantea dilemas ambientales. Julio Barea, de la Campaña de Contaminación de Greenpeace, afirma que el agua embotellada “es insostenible”, ya que genera residuos y emisiones. Según Barea, para fabricar cada botella de un litro se consumen otros cinco litros de agua en el proceso y, según denuncia, en la mayoría de los restaurantes se ofrece primero la botella de agua y no la jarra. El experto destaca la iniciativa del Ayuntamiento de San Sebastián, que regaló jarras a los hosteleros para que sirvieran el buen agua de grifo de la ciudad.

Los fabricantes del material plástico de las botellas, el PET (Politereftalato de etileno, plástico derivado del petróleo), dicen, sin embargo, que el agua utilizada en el proceso de fabricación de un envase es “prácticamente nula”: sólo se emplea para refrigerar los moldes en un circuito cerrado. Además, explican, el agua se recicla, y para un envase de 1,5 litros se emplea 1,9 mililitros de agua.

España es el cuarto productor europeo de aguas envasadas, después de Italia, Alemania y Francia. En 2006 se produjeron 5.765 millones de litros de agua envasada y, por tanto, millones de envases. Los ecologistas los consideran innecesarios, pero la industria argumenta que el año pasado se recicló un 40% más de envases que lo que marca la directiva europea. En cuanto a las emisiones, la Asociación Nacional de Empresas de Aguas de bebida Envasada ANEABE afirma que son “mínimas”, sin especificar.

También en España

En todo caso, la propuesta inglesa no es tan novedosa. El Ministerio español de Medio Ambiente lleva ya más de dos años sin comprar botellas de agua para sus actos públicos, según fuentes del departamento. En España es difícil saber cuánta agua consume la Administración, ya que ni el Grupo Arturo Cantoblanco, encargado de las contratas del Congreso y el Senado, ni Presidencia del Gobierno, han facilitado sus cifras a este periódico. Lo que sí está claro es que una decisión similar a la del Ejecutivo de Gordon Brown tendría un importante impacto en las 93 empresas que en España embotellan agua.

En los hogares se consume una media de 120 litros de agua envasada por persona al año. La producción total de las aguas embotelladas equivale al consumo de agua de tres días en ciudades como Barcelona y Madrid. Es un consumo minoritario. Bezoya explica que las aguas envasadas tienen un origen subterráneo, “por lo que la sequía o los grandes niveles de precipitaciones no tienen incidencia en el nivel de los acuíferos subterráneos”. Cada año, el nivel medio de precipitaciones en España es de 340.000 hectómetros cúbicos, y en la producción de aguas envasadas se consume 600.000 veces menos, añade la compañía.

El sector está en auge, ya que registra crecimientos anuales en torno al 13%, según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Y aunque los embotelladores no publican datos desglosados, es probable que este consumo sea mayor en las localidades con peor agua de grifo (mal sabor), y que haya diferencias sustanciales or comunidades autónomas.

¿Un alimento?

El agua de grifo es potable en toda España y de buena calidad en ciudades como Madrid o el norte peninsular. Sin embargo, los fabricantes dejan muy claro que, a diferencia de lo que ocurren en Reino Unido, en España el agua embotellada no es agua de grifo en botella, sino un “producto alimentario, como la leche, la cerveza o los refrescos, que también se embotellan”, según fuentes del sector.

Las primeras aguas mineromedicinales, de hecho, se vendían en farmacias, pero en los años 50 comenzaron a comercializarse en tiendas de alimentación y hoy incluso se ofrecen como productos exclusivos en algunos restaurantes siempre destacando sus “beneficios para la salud”. La diferencia principal entre el agua de grifo y la embotellada es que la primera suele proceder de aguas superficiales depuradas y tratadas para que sea apta para el consumo, mientras que las embotelladas recogen el agua de “acuíferos, puras y que preservan intactas sus características originales”, explica la ANEABE, que agrupa a 93 compañías españolas, con 4.500 empleados.

En todo caso, hace cinco años se celebró el Año Internacional del Agua Dulce y los estudios realizados para la ocasión no lograron clarificar la aportación adicional de minerales del agua embotellada respecto a la de grifo. Las autoridades mineras de cada comunidad autónoma son las que conceden un caudal máximo de explotación a las empresas. Las aguas embotelladas se someten a análisis diarios de control bacteriológico, y a analíticas físico-químicas trimestrales. Los acuíferos y manantiales de agua mineral están asociados históricamente a los balnearios y una cosa está clara: el agua es per se buena para la salud, pero la polémica sobre los beneficios de un agua embotellada frente a la de grifo está servida.

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Vía: Publico.es