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“Mi ilusión sería que se hablara de ciencia tanto como de fútbol” [Entrevista a Eulalia Pérez Sedeño]

Eulalia Pérez Sedeño, directora general de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) y responsable de la gestión del Año de la Ciencia.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció en junio de 2006, en un acto en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) -el mismo lugar donde sintió por primera vez que sería presidente-, que 2007 sería el Año de la Ciencia en España. La papeleta de dotar de contenido a aquella decisión recayó, cuatro meses después, en la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), entidad pública dependiente del Ministerio de Educación y Ciencia, a cambio de aumentar su presupuesto anual de 14 a 24 millones de euros, entre otros cambios. En esas fechas asumió la dirección general de la FECYT la investigadora Eulalia Pérez Sedeño (Arcilá, Marruecos, 1954).

El Año de la Ciencia está a punto de concluir, sin que la mayor parte de los ciudadanos, sus destinatarios, se haya enterado de la celebración. Frente a los que piensan que se ha perdido una oportunidad única, Pérez Sedeño admite que podía haberse hecho mejor, pero defiende que siempre es mejor aprovechar las oportunidades y arrancar a hacer cosas que esperar a que todas las condiciones sean idóneas.

El Año de la Ciencia se acaba y aún hay financiación para proyectos de divulgación pendiente de repartir. ¿Qué ha pasado?

Cuando llegué a la FECYT, en octubre de 2006, aún no se había hecho nada, así que tuvimos poco tiempo para reaccionar, y aun así hicimos mucho. El problema con las ayudas a la divulgación es que hemos querido hacer una convocatoria absolutamente transparente y objetiva, se ha seguido el mismo procedimiento de evaluación que en los proyectos de investigación, y dejamos abierto mucho tiempo el plazo de presentación, para facilitar que la gente pidiera… Pero nos ha pillado el toro. Lo hemos complicado innecesariamente, pero estamos dispuestos a aprender para hacerlo mejor, el próximo año no dejaremos abierta la convocatoria tanto tiempo.

¿Así que el Año de la Ciencia 2007 no se termina en 2007?

No, seguirá, aunque en vez de 7 millones de euros de presupuesto para ayudas, tendremos unos 4 millones.

¿Qué pasa con las actividades que aún no han recibido el dinero? ¿Se harán el año que viene?

No, no es posible. Algunas ayudas están condicionadas a que las actividades se desarrollen dentro de este año. Es una de las trabas de la burocracia. El dinero no se pierde, es cierto que unos pocos han renunciado, pero la resolución se conoce desde septiembre y normalmente la gente echa mano de sus propias instituciones y luego lo devuelve de la subvención. Así es como funcionamos muchas veces en los proyectos de investigación.

¿Cuál ha sido el balance?

Se presentaron 694 proyectos, por valor de 41,7 millones, y aprobamos 276 propuestas.

¿Qué destaca?

Estoy muy satisfecha de la puesta en marcha de estructuras permanentes de divulgación de la ciencia. Hemos creado 53 unidades de cultura científica en universidades y organismos públicos de investigación, un servicio de noticias e información científica, una red de coordinación de museos. Se han hecho un montón de cosas, premios, congresos, concursos, conferencias, exposiciones, jornadas, pero todo eso pasa, mientras que las estructuras permanentes, ahí quedan.

¿Para qué le gustaría que hubiera servido todo esto?

Mi ilusión sería que se hablara de ciencia tanto como de fútbol, que la gente entienda que la ciencia es muy importante en nuestros días; y si de paso conseguimos despertar vocaciones científicas entre la gente joven, pues muchísimo mejor, porque nos faltan muchos científicos para ser un país científicamente competitivo.

¿Por qué se insiste tanto en apelar a la vocación científica? ¿No sería más útil crear una carrera científica atractiva, transmitir a los jóvenes que con la ciencia pueden ganar dinero?

La vocación no está reñida con un sueldo digno. Es cierto que te tiene que gustar. Si no, no te pasas 14 horas al día trabajando. Pero creo que la carrera científica está mal planteada, porque lo importante no es que la gente, una vez entre, sepa que se va a quedar para siempre. Lo que hay que conseguir es que mientras estén trabajando, aunque no estén fijos, tengan un buen sueldo.

¿Qué le parece la creación de la asignatura de ‘Ciencias para el mundo contemporáneo’?

Es una asignatura importantísima y me alegro muchísimo de que sea obligatoria para todos los bachilleratos, especialmente para los de humanidades. Es triste que al llegar a una edad ya no vean prácticamente nada de ciencia, porque ésta influye en muchas decisiones que luego tienen que tomar a diario, desde usar o no transporte publico hasta cuántos hijos quieren tener.

¿Por qué a los políticos les preocupa tanto frenar la fuga de cerebros y que regresen los científicos destacados? Siendo la ciencia una actividad global, ¿no sería mejor crear condiciones para que trabajaran aquí los mejores, con independencia de su nacionalidad?

Para empezar, la fuga de cerebros es bastante relativa, no hay tantos cerebros fuera. En segundo lugar, debemos aspirar a tener a los mejores, sean de donde sean, como ha pasado toda la vida en EEUU y ahora ocurre en Alemania y en un montón de sitios. La pena es que los buenos investigadores españoles que quieren volver no puedan, porque los sueldos y las condiciones son mucho peores.

¿Cómo cree que va a tomarse la comunidad científica el recorte en el gasto público para I+D?

Bueno, se baja en el sentido de que no se aumenta tanto como en los años anteriores. Los científicos, por un lado, lo entenderán, porque lo raro es que se haya crecido tanto los últimos años, pero por otro, frustra un poco las expectativas de llegar a ponernos a la altura de la media europea, que era lo que parecía que se iba a lograr mucho antes de lo que ahora, de hecho, se va a lograr.

Como investigadora experta en la materia, ¿cuál es la situación de la mujer en la ciencia española?

Estamos en un punto bueno en el nivel medio general y malo en cuanto a los puestos más altos de toma de decisiones. Es muy difícil luchar contra la vieja idea de que en la ciencia todo es meritocracia.

Eso no es cierto, pero si le dices a un señor que tiene que haber una cuota femenina en un proyecto de investigación, se pone fatal, no se da cuenta de que hay cuotas en todas partes. Hay ejemplos sangrantes, como que no haya ni una catedrática de Obstetricia y Ginecología en todo el país, ni de Pediatría.

Desde que se aprobó la Ley de la Ciencia [en 1986], el porcentaje de licenciadas ha crecido del 48% al 60%, pero el de catedráticas sólo ha aumentado un 6%. Se hacen cosas, pero es un problema muy complejo y, como dice una amiga mía, “siempre se puede retroceder”.

Entrevista realizada por: Publico.es

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