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Se vende ladrillo ecológico

La utilización indiscriminada de la etiqueta ecológica en los proyectos urbanísticos empieza a extenderse. Promotoras como Urbespacios la explotan como argumento de venta.

El sector de la construcción ha apadrinado la etiqueta ecológica como ninguno. España se ha llenado de urbanizaciones sostenibles, edificios bioclimáticos y ensanches respetuosos con el medio ambiente. Sin embargo, en la mayoría de los casos la etiqueta se utiliza como una mera herramienta de marketing, en una revisión de aquellos eslóganes como “apartamento de primeras calidades” o “chalet a diez minutos del centro” que monopolizaron los escaparates de las inmobiliarias hace unos años.

El director del departamento de Arquitectura Bioclimática del Centro Nacional de Energías Renovables, Florencio Manteca, lo llama “prostitución de los conceptos”. En opinión de este experto, “los promotores están utilizando la palabra bioclimático y similares como mejor les parece, como un argumento para vender antes”.

En la misma línea, el presidente del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (CSCAE), Carlos Hernández Pezzi, opina que “no todo lo que se dice ‘sostenible’ lo es, hay mucho de propaganda”. El arquitecto pone un ejemplo de esta apropiación indebida de los conceptos: la Ciudad del Medio Ambiente de Soria, un desarrollo en las márgenes del río Duero que prevé albergar 120 proyectos empresariales, 800 viviendas e instalaciones hoteleras. Todo ello en un paraje natural de gran riqueza faunística, con zonas de especial protección para las aves, a pocos kilómetros de la ciudad.

Un núcleo absurdo

“El sitio elegido es una reserva separada de la capital y provoca insostenibilidad en las relaciones urbanas; en el CSCAE no nos gusta promover este tipo de desarrollos”, expone Pezzi.

El decano del Colegio de Arquitectos de Castilla y León, José Ignacio Paradinas, es igual de contundente: “Estamos a favor de que se haga la Ciudad del Medio Ambiente en la
provincia, pero es absurdo crear un nuevo núcleo a 10 kilómetros de Soria”.

Su opinión contrasta con la de uno de los autores del proyecto, Félix Arranz, que ve en la Ciudad del Medio Ambiente “un futuro Doñana”, gracias a la ampliación de la protección de la ribera del Duero de 25 metros a 300 en algunas zonas. Según este arquitecto, el desarrollo urbanístico servirá para recuperar lo que, en su opinión, era un páramo abandonado con un problema de contaminación grave. A pesar de ello, Arranz reconoce que “el nombre de la ciudad es claramente desafortunado, pero tampoco hay que rasgarse las vestiduras con el nombre, porque también hay ciudades de los deportes y ciudades de las ciencias y no pasa nada”.

El proyecto Valladolid Este, impulsado por la promotora Urbespacios, es otro de los grandes proyectos que se ha apropiado de la etiqueta sostenible. El plan, que se autodefine como “uno de los más verdes y sostenibles” de la capital pucelana, albergará unas 15.900 viviendas, en una extensión de más de 400 hectáreas. Según Urbespacios, este proyecto refleja el ideal de ciudad compacta que defiende su autor, el arquitecto británico Richard Rogers. En este modelo, según la promotora, “las soluciones ecológicas y sociales se mezclan y las consideraciones medioambientales mejoran la calidad de vida de sus habitantes”.

Para Ecologistas en Acción, sin embargo, Valladolid Este es “una macrourbanización desconectada de la ciudad existente, que desborda cemento sobre la vega del río Esgueva”.

No es la única polémica en la que está envuelta la empresa Urbespacios. En Gójar, una localidad de 5.000 habitantes a 10 km de Granada, la promotora ha proyectado un área residencial de 3.160 viviendas, con un campo de golf y un complejo hotelero, nuevamente promocionado como “un desarrollo más sostenible”.

Es otro ejemplo de la nueva moda ecológica que, tras su paso por los sectores alimentario y automovilístico, llega ahora a uno de los ámbitos más contaminantes del país.

Omnipresente y vacía

La palabra sostenible forma parte de la lírica de cualquier proyecto arquitectónico, pero pocas personas conocen su significado real. En arquitectura, en ocasiones se asimila a otra: bioclimático. Para el arquitecto Florencio Manteca, “una casa bioclimática es aquella que tiene en cuenta las condiciones climáticas en su proceso de diseño, para garantizar el máximo confort con el mínimo consumo energético, teniendo en cuenta la orientación, los materiales y la propia arquitectura”. El arquitecto australiano Glenn Murcutt es uno de los estandartes de este estilo.

Un sector que arrasa el medio ambiente

En 2006 se visaron en España más de 800.000 viviendas, un récord en el continente europeo.
El 34% del primer kilómetro del litoral mediterráneo está ocupado por superficies artificiales.
Cada 60 minutos se urbaniza una superficie equivalente a dos campos de fútbol.
España es uno de los países en los que más viviendas se construyen: 18,1 por 1.000 habitantes/año, frente a las 5,7 de Europa.
El sector de la construcción consume la mitad de los recursos naturales del planeta.

“Auténtico despropósito”

La Ciudad del Medio Ambiente de Soria, diseñada por los arquitectos Patxi Mangado y Félix Arranz, se ubica en el término municipal soriano de Garray, en la ribera del río Duero. Las organizaciones ecologistas WWF/Adena, Greenpeace, SEO/Birdlife y Ecologistas en Acción han calificado de “auténtico despropósito” la denominación elegida por los promotores del proyecto.Según estas ONG, el Soto de Garray es una zona de enorme valor ecológico, en la que habitan varias especies de rapaces amenazadas, como el milano real, el águila calzada, el azor o el alimoche. El arquitecto Arranz acepta las críticas con deportividad: “Es una fortuna que los grupos ecologistas defiendan los parajes naturales, al fin y al cabo es su trabajo”.

“No es una cuestión ornamental”

Los arquitectos de la Ciudad del Medio Ambiente de Soria defienden su denominación en el preámbulo del proyecto. En su opinión, “no hay que entender el medio ambiente como una cuestión periférica u ornamental, ajena, sino como la razón de ser del emplazamiento, tanto en términos estructurales como en términos relacionales”. Empresas como Iberdrola, Telefónica y Urbaser-ACS ya han anunciado su intención de instalarse en este nuevo desarrollo.

Arquitectura S.O.S.tenible

LUIS DE GARRIDO, Asociación Nacional para la Arquitectura Sostenible

En los últimos años, la sociedad percibe de forma directa los problemas sociales y medioambientales que ocasionan nuestro sistema capitalista y nuestra sociedad de consumo. Por ello ha empezado a sensibilizarse y empieza a valorar iniciativas medioambientales, que garanticen su futuro bienestar.

En este sentido muchas empresas han empezado a reaccionar de forma positiva. Otras empresas, en cambio, han optado por la manipulación mediática.

En este segundo grupo se enmarca la práctica totalidad del sector de la construcción. En lugar de formalizar un modelo de arquitectura sostenible, proponer herramientas objetivas de evaluación y poner en marcha un conjunto de acciones efectivas y económicas, el sector de la construcción ha optado por la manipulación mediática. Muchos promotores anuncian promociones sostenibles y bioclimáticas, bajo cualquier excusa (existencia de algún captor solar, sistema domótico, algún producto reciclado, o una cubierta de tierra), aunque en realidad poco o nada tienen de sostenible y de bioclimáticas, y simplemente cumplen por los pelos, o no, la normativa vigente.

Por otro lado, todos los materiales de construcción se venden ahora como “sostenibles”, “ecológicos” o, lo que es peor, “respetuosos con el medio ambiente”, que es como no decir nada.

¿Conoce el lector algún material que no se venda como ecológico? Incluso materiales realmente dañinos para el medio ambiente (PVC, aluminio, esmaltes, aislamientos, pinturas plásticas, plásticos…) se venden hoy como “sostenibles”.

Por último, la respuesta más original de todas ha sido la que han dado algunos arquitectos. Resulta que “la buena arquitectura”, que dicen que practican, ya es sostenible y siempre lo fue.

Es gracioso, algunos arquitectos llevamos más de 20 años estudiando, investigando y experimentando, y seguimos sin saber con exactitud todas las acciones que debemos hacer para lograr una arquitectura 100% ecológica. Sin embargo, otros arquitectos pretenden firmarse a si mismos un cheque en blanco, para justificar que puedan seguir haciendo lo que les da la gana, sin mayor esfuerzo, y con independencia de las exigencias de la sociedad y de la naturaleza.

A pesar de todo esto, existe un conjunto muy reducido de promotores, fabricantes y arquitectos que sí han dedicado toda su vida al estudio, con el objetivo de ganarse honestamente la vida, mejorando el nivel ecológico de la arquitectura y su integración con la naturaleza.

Vía: Publico.es

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