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Evolución de la violencia

Todo el mundo ha experimentado enojo y furia alguna vez, y algunos han canalizado es enojo en violencia, tal vez alguna pelea callejera o en algún bar luego de unas cervezas. Pero hay una escala de agresión mucho mayor que es la que lleva al asesinato, a la guerra y al genocidio. Los biólogos y antropólogos se han preguntado si hay alguna explicación evolutiva para las tendencias agresivas humanas, y cómo es que han surgido los diferentes tipos de agresiones que surgen en casi toda sociedad humana.

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Elizabeth Cashdan, profesora de antropología de la Universidad de Utah, Estados Unidos, y organizadora de unas jornadas en esa misma entidad sobre evolución de la violencia, cree que ni somos naturalmente violentos, ni naturalmente pacíficos, sino algo en medio. Según ha dicho, hay evidencia de sobra como para apoyar cualquiera de los dos extremos de la explicación, ya que la violencia, la reconciliación y la cooperación son parte de la naturaleza humana. La antropóloga cree que estas emociones evolucionaron porque aportaban algún beneficio a la humanidad de algún modo en el pasado.

La evolución puede explicar la agresión humana porque es una emoción como cualquier otra. La venganza, el rencor, la alegría, y el enfado son emociones que deben haber evolucionado porque la mayor parte del tiempo motivan comportamientos que mejoran la adaptación al medio, y eso es tan cierto para humanos como para animales, según opina Cashdan.

Así como el sentir compasión por las crías propias incrementa las chances de pasar nuestros genes, las tendencias violentas pueden haber tenido una utilidad similar para algunas especies, según el biólogo David Carrier, también de la Universidad de Utah. El comportamiento agresivo, evolucionó en especies en las que incrementó las chances de sobrevivir o de reproducirse, y esto depende del ambiente específico, social, reproductivo e histórico de cada especie, opina Carrier. Según el biólogo, los humanos están entre las especies más violentas, pero al mismo tiempo somo los más altruistas y empáticos.

Si bien existe alguna programación genética hacia la violencia en los humanos como resultado de la evolución, dice Carrier, es el ambiente específico el que decide cómo o cuándo, esa determinación biológica es disparada. Por ejemplo, entre algunos insectos los machos serán más propensos a montar guardia junto a su pareja, y actuarán de forma violenta contra otros machos, sólo si en la población hay pocas hembras, por lo tanto pocas oportunidades de tener crías.

La agresión es un comportamiento fijado en casi todas las especies animales, lo que la selección natural ha moldeado no es el comportamiento en sí, sino la norma de reacción, la naturaleza de la respuesta. La agresión por la agresión en sí, es algo muy raro en la naturaleza. Un intrincado set de condiciones puede llevar a la mayoría de la gente a la violencia.

En vez de competir por comida, como sucedía hace algunas decenas de miles de años, actualmente competimos por recursos materiales. Algunas personas carecen o pierden de ese interruptor que dice que ya es suficiente. La complejidad social humana hace que sea diferente la violencia con respecto a la que se ve en el resto del reino animal. La venganza y el rencor son emociones sociales, por lo que no aparecen en otras especies. La agresión en sí, en otros animales, no va más allá de proteger el territorio, la pareja, las crías o la comida. Hay evidencias de que algunos perros domésticos y los chimpancés mantienen rencores de larga data, pero son animales sociales los segundos, y los primeros han co evolucionado con nosotros desde hace unos 50 mil años.

Pero la violencia humana ha evolucionado de fuentes menos típicas. Un ejemplo es la venganza, y las instituciones culturales que la mantienen o la restringen. La evolución no nos hizo violentos o pacíficos, sino que nos moldeó para responder de una forma flexible, adaptativa, a diferentes circunstancias. Comprender esas circunstancias podría ayudar a solucionar los problemas de violencia actuales, que pueden degenerar en genocidios como los de Yugoslavia, Rwanda, la Alemania Nazi o en Armenia.

Fuente: LiveScience

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