Evolución humana, pasamos de un árbol familiar a una trenza

Fue increíble la cantidad de aportes que se realizaron a la paleoantropología a lo largo de 2013. No sólo por la cantidad, sino por su calidad, y por que han llevado a tener que replantear la visión imperante de cómo fue que ocurrió la evolución de nuestro género humano. No nos alcanzan los dedos de […]
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Fue increíble la cantidad de aportes que se realizaron a la paleoantropología a lo largo de 2013. No sólo por la cantidad, sino por su calidad, y por que han llevado a tener que replantear la visión imperante de cómo fue que ocurrió la evolución de nuestro género humano. No nos alcanzan los dedos de las manos para contar los descubrimientos que resultaron totalmente sorpresivos para los especialistas.

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No es extraño que esto sea así en un campo como el de la paleoantropología, ya que, pensemos en un rompecabezas de unas 5000 mil piezas, del que apenas tenemos algunas piezas. Es claro que cada nueva parte que agreguemos nos cambiará la imagen por completo.

Eso es lo que vino sucediendo desde hace más de 100 años, pero se podría decir que 2013 nos ha aportado una bolsa entera de piezas para agregar al rompecabezas, lo que nos permite imaginar mucho más tranquilos cómo fue la pintura del camino evolutivo que termina en nosotros.

Hace 50 años, se veía a la evolución humana como una escalera, como algo lineal. Pasamos de una especie a otra hasta llegar a nosotros. Luego la visión cambió, y se pasó a un arbusto, con muchos caminos diferentes, la mayoría de los cuales terminaban en nada. Pero ahora ha vuelto a cambiar, y la visión que se tiene luego de 2013 es la de un arbusto pero totalmente interconectado entre sí, linajes genéticos que se separan y se vuelven a fusionar con el paso del tiempo. Algo más parecido a un arbusto con las ramas trenzadas.

Un cráneo para unirlos a todos

Uno de los grandes aportes del año a la paleoantropología fue el cráneo 5 de Dmanisi, Georgia, dado a conocer en octubre. Llenó de controversia al campo, ya que las conclusiones de los autores del estudio publicado en Science fueron demasiado sorpresivas, para muchos especialistas.

La conclusión de que la variación en la forma del cráneo y la morfología observada en la muestra de Dmanisi derivaba de una única población de Homo erectus, iguala a la variación observada entre los fósiles de África, fósiles que pertenecen a diferentes yacimientos, a diferentes épocas, y a tres especies diferentes: H. erectus, H. habilis y H. rudolfensis.

Esto habla de una variabilidad amplia dentro de las especies, lo que debería llevar a abandonar esa manía de muchos expertos de nombrar especies nuevas sólo porque tienen una pequeña diferencia, o porque pertenecen a un yacimiento distinto.

Hemos visto en los últimos estudios genéticos que se han publicado sobre las poblaciones humanas más recientes, lo neandertales y los denisovanos, que existía contacto entre todas las poblaciones humanas de la época, no eran entes aislados.

Esto fue algo que la mayoría de los expertos se negaba a aceptar como posibilidad hasta hace unos pocos años. Pero ahora sabemos que parte de nuestro genoma lo hemos heredado de contactos con neandertales y denisovanos, y con un tercer linaje genético todavía por identificar.

La forma de los fósiles fue la que guió la imagen que tenían los expertos del pasado humano, pero se ha llegado a abusar de las comparaciones, al grado de separar especies sólo por pequeñas diferencias en los huesos.

Este año, estudios de la forma de los huesos, y estudios pelaogenéticos, han demostrado que no existen poblaciones aisladas, sino un único tronco de poblaciones humanas interconectada, que se separan, se diferencian, pero no tanto como para no poder volverse a unir cuando se encuentran nuevamente luego del paso del tiempo.

Cambio de paradigma

Como dice el paleoantropólogo Clive Finlayson, el paradigma de la paleoantropología debe cambiar. No se debe pensar más en diferencias cuando sólo tenemos un puñado de fósiles, cuando se sabe lo plástica que es la forma ósea humana.

Y hay que olvidarse del Homo sapiens como superior, como el que eliminó a todas las especies, como el que las reemplazó. Hay que empezar a prestar atención a ese entramado de poblaciones que se separaron y se unieron y que derivaron en nosotros. Hay que comprender el espectro de potenciales respuestas de las poblaciones humanas a diferentes condiciones ambientales y cómo la cultura ha intervenido en estas relaciones.

Los aportes que ha realizado la paleogenética hasta ahora, apenas si son la punta del iceberg. Lo que se viene en próximos años será un aluvión.

Artículos Paleoantropológicos 2013

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