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Observación con prismáticos

Más cómodos, más intuitivos y más económicos: a la hora de observar el cielo, los binoculares tienen más ventajas de lo que pareciera frente a los telescopios. Pero, ¿qué puede verse realmente si apuntamos los prismáticos hacia el cielo estrellado?

Prismáticos vs. Telescopios

Muchas veces se les recomienda a los principiantes que, antes de lanzarse a la compra de un telescopio, observen el cielo con binoculares. Es el típico consejo esgrimido por el observador avanzado, alguien que experimentó largamente la incomodidad, la rigidez y la (a veces, excesiva) precisión de un telescopio.

Es difícil convencer a los observadores principiantes de que es mejor comenzar a ver el cielo con un par de prismáticos. Los binoculares ofrecen un mayor campo de visión y una interesante luminocidad, pero con un telescopio se ve más lejos.

Pero el telescopio, si lo sabrán sus dueños, es una herramienta complicada, costosa, y que por su complejo e incómodo uso puede frenar el entusiasmo inicial del que recién comienza.

Los binoculares, en cambio, no requieren instrucciones, y permiten recorrer el cielo con un movimiento natural e intuitivo. Se pueden transportar perfectamente, y los modelos astronómicos más básicos son económicos, fáciles de conseguir, y también sirven para la observación terrestre.

¿Qué prismáticos usar para ver el cielo?

Hay dos valores a considerar para saber si un par de binoculares es apto para el uso astronómico: Aumento x Diámetro (abertura).

Comúnmente se recomiendan como prismáticos básicos para la astronomía los modelos 7×50 ó 10×50, valores inferiores pueden servir para otro tipo de actividades como la observación de aves, pero no serán de gran ayuda para la observación del cielo.

Prismáticos 7×50 y 25×100

El siguiente tipo de binoculares que solemos encontrar es el 15×70, que aún puede utilizarse con las manos, aunque se vuelve un poco más incómodo.

Después existen modelos tan pesados que requieren de la utilización de un trípode donde apoyarlos para moverlos y poder obtener una imagen estable. Se tratan de prismáticos que ya comparten muchas de las ventajas y desventajas del telescopio. Los más comunes son el 20×80 y el 25×100.

Además, es importante optar por binoculares sin ningún recubrimiento de color o recubrimiento en las lentes, ni zoom, y en lo posible que sean fabricados por marcas confiables con alguna trayectoria óptica (Celestron, Meade, Bushnell, Hokenn, etc).

¿Qué se alcanza a ver con los prismáticos más básicos?

Asumiendo que disponemos de los binoculares astronómicos más populares y básicos (7×50 ó 10×50), existen varios objetos para observar. Como siempre, si a unos buenos prismáticos tenemos la suerte de sumarle un cielo libre de contaminación lumínica, los resultados mejorarán sorprendentemente.

Como en el caso de los telescopios, NUNCA DEBEMOS OBSERVAR EL SOL A TRAVÉS DE PRISMÁTICOS.

  • La Luna

La Luna Llena brilla tanto que siempre resulta molesta para observar a través de un telescopio sin filtro lunar. Con los binoculares, sucede algo parecido. Lo mejor es esperar al Cuarto Menguante o Creciente, cuando el brillo es menor y los contrastes mayores.

La Luna a través de binoculares

En esos momentos, podemos observar con mayor detalle las sombras proyectadas por los montes y los cráteres de la Luna. Especialmente en la línea donde la luz del Sol deja de llegar, allí se pueden encontrar, con paciencia, irregularidades muy llamativas, como los Montes Jura y otras elevaciones cuyos picos más altos permanecesn iluminados sobre la oscuridad.

  • Los planetas

Al apuntar los binoculares a los planetas se ve con mayor detalle lo que los diferencia en apariencia de las estrellas: puntos redondos muy nítidos, generalmente caracterizados por un color bastante llamativo.

El planeta más interesante para observar a través de binoculares es Júpiter. No sólo se ve (y es) más grande que el resto de los planetas, sino que, dependiendo de nuestras condiciones atmosféricas y los movimientos de rotación del sistema de Júpiter, sus 4 lunas más grandes (Io, Europa, Ganímedes y Calipso) pueden encontrarse orbitando dentro del campo de visión del gigante rojo.

Júpiter a través de binoculares

Saturno ofrece una intrigante observación. Se caracteriza por un peculiar color amarillento, y con paciencia (o trípode) pueden adivinarse sus anillos, o al menos cierta forma misteriosa y achatada en el planeta.

Observar a nuestros vecinos Marte y Venus a través de prismáticos puede ser útil para acentuar sus colores. El color rojizo anaranjado de Marte observado con binoculares ya se diferencia de las típicas estrellas rojas con las que a veces podemos confundir a nuestro planeta vecino. A Venus, cubierto con su velo de misteriosas nubes, lo podemos ver como un punto bien definido, blanco y brillante.

Mercurio, Neptuno y Urano, planetas difíciles o imposibles de ver a simple vista, se pueden encontrar y observar como puntos a través de binoculares(sabiendo previamente su ubicación y con algo de paciencia).

  • Los cúmulos de estrellas

Los cúmulos son especialmente interesantes para observar con prismáticos. Los cúmulos globulares, en cielos buenos, se ven como una pequeña manchita llena de puntos, estrellas cercanas entre sí que irradian tanta luz como para que parezca una mancha (lo mismo que sucede cuando vemos la Vía Láctea). Estas estrellas están tan aglutinadas que ocupan un espacio reducido de nuestra visión, por lo que pueden verse mejor a través de telescopios.

Las Pléyades a través de binoculares

Pero los cúmulos abiertos, como las Pléyades, son excelentes objetos para ver con binoculares. Su amplio campo de visión, al dar la impresión de que están más dispersas entre sí, se aprecia con la capacidad lumínica de los prismáticos y la gran amplitud de campo que ofrecen.

  • Cometas

Algunos cometas de gran brillo son especialmente observables a través de binoculares. Sus amplios halos alcanzan a verse por entero dentro del campo de visión de un binocular, y así podemos apreciarlos en su totalidad.

Por supuesto, los cometas de gran magnitud son casos especiales, como lo fue el cometa McNaught o Lovejoy, pero cuando aparezca la oportunidad de observarlos, siempre será bueno tener un par de prismáticos cerca.

  • Nebulosas

Las nebulosas son objetos difusos, de ahí su nombre. Las más comunes son luz de estrellas reflejada en polvo de estrellas, y el lugar donde ellas nacen. El telescopio puede aumentar la forma de estas nubes de gas y polvo, pero la luminocidad que brindan los binoculares nos ofrece mayor nitidez y contraste, una excelente opción para observarlas.

Nebulosa de Orión a través de binoculares

La Nebulosa de Orión es la más conocida, brillante y fácil de encontrar en ambos hemisferios, según la época del año o la hora nocturna. También pueden observarse en cielos oscuros M8 (la Nebulosa de la Laguna), entre otras.

  • Galaxias

Las galaxias son difíciles de observar con binoculares. Las que pueden verse con cierta claridad también son observables a simple vista, en cielos oscuros: nuestra vecina Galaxia de Andrómeda (de observación más óptima en el hemisferio norte), la cercana Gran Nube de Magallanes junto a NGC 292, (galaxias enanas perfectamente visibles en el hemisferio sur), y, por supuesto, la Vía Láctea.

Las Nubes de Magallanes a simple vista, fotografiadas en 2007 desde Australia por Ángel R. López Sánchez (IAC/ATNF)

Para ver galaxias más lejanas siempre necesitaremos del aumento de un telescopio.

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