Escrito por Tendenzias

Observación con telescopio reflector

¿Qué objetos celestes no podemos dejar de observar si tenemos la oportunidad de utilizar un telescopio reflector?

Espejito, espejito…

El telescopio reflector se destaca por poseer generalmente una gran luminocidad, gracias a las amplias aperturas que encontramos en los modelos más populares.

En realidad, la luminocidad no es característica del telescopio reflector en sí, que se define por poseer espejos en lugar de lentes, sino que su bajo costo de producción permite disponer de aperturas mayores por el mismo valor de un refractor.

Esto significa que, con un buen cielo oscuro, el telescopio reflector con su gran diámetro de apertura, es la herramienta ideal para observar los objetos más lejanos y oscuros del cielo. Las nebulosas y las galaxias son su especialidad.

Si bien también lo podemos utilizar para observar los planetas y la Luna, este tipo de objetos tal vez se vean más detalladamente a través de telescopios refractores, que gozan de un mayor contraste frente a la difracción que presentan los reflectores.

Pero cabe destacar que, por otro lado, los refractores acromáticos (que son los más comunes) presentan aberraciones cromáticas que distorsionan parte del color que naturalmente percibimos de los astros, de modo que si buscamos más “realismo” los reflectores llevan la ventaja, aunque existen filtros que minimizan el inconveniente.

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El espacio profundo

Los aficionados a la astronomía suelen hablar a veces de dos campos de observación: los objetos cercanos, como los planetas, la Luna, los cometas, etc, y el espacio o cielo profundo: las galaxias, nebulosas y cúmulos de estrellas.

Los cúmulos de estrellas pueden verse con mayor nitidez a través de un reflector, especialmente los relacionados con nebulosidad.

Ahora, si nuestra intención es diferenciar con mayor precisión las estrellas que forman parte del grupo, o si buscamos resolver lo mejor posible un sistema binario de estrellas que a simple vista vemos como una, probablemente la mejor opción sea el telescopio refractor.

Los cúmulos abiertos, como las Pléyades, se aprecian mejor con prismáticos, que poseen un amplio campo de visión. Con un telescopio será mejor utilizar un ocular de menor aumento.

Los cúmulos globulares (Omega Centauri, en el hemisferio sur, es el más destacable) se ven como pequeñas manchas a través de telescopios de diámetro básico, pero cuando la apertura es un poco mayor se comienzan a observar los detalles de las estrellas que los conforman.

Cúmulo globular M15, fotografiado durante 60 segundos a través de un reflector de 203mm (8″)

Existen varios tipos de nebulosas, siendo las más comunes las de emisión, como la Nebulosa de Orión, visible a simple vista en un cielo oscuro en esa constelación.

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Los telescopios reflectores capturan eficientemente el debil brillo que se refleja en estas inmensas nubes de gas y polvo, incluso existen filtros especiales para telescopios que permiten observar mejor las nebulosas. Cuando tengamos que elegir el ocular, al igual que en el caso de los cúmulos, es mejor optar por aumentos pequeños que ofrezcan un amplio campo de visión, para poder apreciar el conjunto de la nebulosa en todo su esplendor.

El espacio profundo despierta generalmente la curiosidad de los entusiastas más avanzados, las galaxias quizá sean los objetos más intrigantes y difíciles de observar. El telescopio reflector puede ayudarnos enormemente a verlas mejor.

Para ver la Galaxia de Andrómeda, por poner el ejemplo más común, necesitaremos un reflector que tenga un diámetro (apertura) no menor a los 114 mm (4.5″), o un cielo realmente oscuro y prismáticos. Lejos de las ciudades, con una apertura de 150 ó 200 mm, se llegan a distinguir los brazos de algunas galaxias espirales.

La nebulosa de Orión, fotografiada través de un reflector de 203mm (8″)

Esto podría sonar un tanto decepcionante si se tiene en la imaginación la idea ingenua de que las cosas se ven como las encontramos muchas veces en las magníficas fotografías de astronomía que circulan en revistas o internet.

El ojo humano no es una cámara fotográfica. Es un lente muy evolucionado incapaz de acumular luz como lo hace una cámara en larga exposición. El telescopio tampoco hace esto, sino que acumula toda la luz posible de captar en un instante y aumenta la imagen, lo cual no deja de ser asombroso una vez que conocemos nuestras limitaciones.

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