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¿Por qué nos molesta tanto que nos hablen por teléfono al lado?

Esa persona sentada al lado nuestro en el tren, contando los detalles del programa de televisión que acaban de ver por el teléfono móvil a algún amigo, nunca nos va a caer bien.

Un estudio ha descubierto que las conversaciones por teléfono que uno se ve obligado a escuchar nos resultan mucho más molestas que si esa misma conversación fuese entre dos personas cara a cara. No podemos evitar escucharlas, nos capturan la atención, y eso nos molesta más.

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La psicóloga Veronica Galván, de la Universidad de San Diego, Estados Unidos, estudió el problema y publicó sus conclusiones en PlosONE. Les mintió a 150 voluntarios, diciéndoles que estaban en un experimento sobre lectocomprensión. Debían resolver un trabajo con anagramas, mientras se sentaban en una mesa. Al lado se le sentó otra persona que habló por teléfono durante siete minutos. Otros lo tuvieron que hacer el test, con dos personas sentadas al lado conversando entre sí.

Luego se les pidió a los sujetos que llenasen un cuestionario sobre qué tan distractora era la conversación escuchada. Aquellos que sólo escucharon un lado de la conversación, es decir, quién hablaba por teléfono, la encontraron más notoria, más molesta, y era más distractora. Así y todo, los sujetos realizaron igual de bien sus exámenes con cualquiera de las conversaciones, por lo que sólo resultaba molesta desde un punto de vista subjetivo.

Algo llamativo fue que se les preguntó también cosas de las conversaciones que escucharon de forma obligada, y quienes habían escuchado las que eran de una sola vía, es decir por el teléfono, podían recordar mejor lo escuchado, que aquellos que habían escuchado a dos personas conversando cara a cara.

Estudios anteriores ya habían descubierto que las conversaciones de una sola vía nos llaman más la atención. Como no podemos seguir la conversación porque sólo escuchamos un lado de la misma, nos atrapa más, ya que en una conversación escuchada de dos personas cara a cara, el contenido puede ser más predecible, y por tanto más fácil de ignorar. Cuando no sabemos qué pasa del otro lado de la conversación, nos resulta más impredecible y confuso. No podemos evitar que nuestra mente trate de descubrir de qué va la conversación.

Fuente: Inkfish

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