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Rituales, ¿por qué la gente piensa que son efectivos?

Se suele decir que el hombre es un animal de costumbres. A veces esas costumbres se vuelven tan metódicas que se transforman en rituales. Rituales que muchas veces son tan elaborados, y carecen tanto de sentido que empiezan a hacer pensar a algunas personas por qué es que están haciendo eso. Pero para que aparezca esa pregunta pueden pasar siglos. Tan raros son los rituales, que incitan a una devoción profunda, incluso bajo la ausencia de una causa directa que vincule al ritual con el resultado que esté buscando o esperando quien realiza ese ritual.

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Los psicólogos Christine Legare y Andre Souza, de la Universidad de Texas, Estados Unidos, publicaron un artículo sobre el tema en la revista Cognition. Ellos partieron de la certeza de que los rituales no tienen una causalidad clara, así que se preguntaron ¿cómo evalúa la gente la eficacia de un ritual, sino tiene una explicación de por qué funciona o debería funcionar?

Por ejemplo, una costumbre entre los brasileños es que para aliviar la depresión, en el último día del mes, hay que arrojar alguna pieza de ropa de la persona en cuestión a la corriente del río que sea desconocido para la persona. Como el río fluye, el problema se va. ¿Cómo medimos la eficacia de semejante ritual? Como esos hay millones, para curar desde un resfriado hasta la infidelidad.

Los investigadores Lagare y Souza descubrieron que había tres factores que incrementaban significativamente la percepción de efectividad de un ritual dado. Por ejemplo, si se debe repetir más, es decir si el ritual debe hacerse siete veces en vez de tres, para que tenga efecto. Si tiene más pasos, o sea si es complejo. Y la especificación del momento más oportuno para realizar el ritual.

Claramente, la repetición lleva a que algo parezca más confiable. Por ejemplo, si nos una persona nos dice que ha inspeccionado algo seis veces, y otra nos dice que lo inspeccionó sólo una, creeremos más a la que lo hizo más veces. Y si alguien nos dice que hagamos tal cosa a las 7.55 de la mañana para que funcione, mientras que otra nos dice que lo hagamos entre las 6 y las 9, nos parecerá más efectivo el que nos dio un momento preciso.

Según los psicólogos que realizaron el estudio esto podría deberse a una cuestión evolutiva, que tal vez por una cuestión de supervivencia era mejor pensar que si comíamos siete frutos azules y uno rojo, los que nos habían ayudado a pasar la indigestión eran los azules.

Pero lo cierto es que los rituales suelen ser bolas de nieve, que empieza pequeña arriba de la montaña y termina como una gigantesca masa de nieve cuando llega abajo. Los rituales populares o religiosos, comienzan igual, algo simple, que resultó efectivo por casualidad, entonces cuando se lo recomienda, se dice que mejor hacerlo dos veces, y luego que mejor tres, pero será más efectivo si es al atardecer, y más todavía si es al lado de un río, y ni que hablar si justo es el día más largo del año, y así la gente termina haciendo cosas que carecen totalmente de sentido sólo porque en algún momento, algo mucho más simple tuvo eficacia.

Pero la medicina y los curanderos empezaron así. Lo que resultaba eficiente y permanecía simple, era porque se había dado con el clavo, y no sólo había sido por casualidad, si se volvía cada vez más complejo el ritual, es porque se quería mantener a la fuerza algo que realmente había sido eficaz una o dos veces sólo por casualidad. Y como somos un animal de costumbre, mantenemos esa costumbre o ritual durante siglos, a pesar de que no hay evidencia concreta de que sea eficiente, sólo una apariencia de eficiencia.

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Legare, C., & Souza, A. (2012). Evaluating ritual efficacy: Evidence from the supernatural Cognition DOI: 10.1016/j.cognition.2012.03.004

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