Escrito por Tendenzias

Homínidos antiguos comían lo mismo que una jirafa

Los dientes son una de las partes más resistentes de nuestra anatomía, no sólo resisten el paso del tiempo durante nuestra vida, sino que pueden durar muchos millones de años una vez enterrados y fosilizados. Para los científicos que estudian la evolución humana, los paleoantropólogos, los dientes suelen ser esos favoritos que siempre aparecen, ya que al ser tan resistentes a veces son lo único que se encuentra de los restos de una criatura que murió y se fosilizó hace millones de años. Pero no es poco, ya que a partir de los dientes es mucho lo que se puede decir sobre su dueño, como por ejemplo se pudo hacer con los del Australopithecus sediba, de dos millones de años, que luego de analizar sus dientes se pudo saber qué comía, y al parecer sólo le interesaban las hojas, frutas e incluso corteza de árboles.

dientes sediba

Al parecer, había una gran diversidad en la dieta de nuestros parientes los Australopitecos, homínidos que vivieron entre 4 y 2 millones de años atrás, de los cuales se cree que evolucionó nuestro género Homo. Australopithecus sediba es una especie relativamente nueva para la ciencia, ya que fue dada a conocer hace apenas dos años, y dio mucho que hablar ya que sus descubridores aducen que sería nada menos que ancestro directo de los humanos. Fue descubierto en 2008 en la cueva de Malapa, una cueva de piedra caliza ubicada apenas a 15 kilómetros del sistema de cuevas de Sterkfontein, cerca de Johannesburgo, Sudáfrica.

Australopithecus sediba La alimentación de sediba es sorprendente, ya que contrasta con la de los otros homínidos de la región, e incluso con cualquier otro de África. Comían casi exclusivamente pastos y semillas, y según creen los científicos que lo estudiaron habría sido una cuestión de gustos, y no de necesidad, ya que existían otros tipos de alimentos a su alrededor. A. sediba era un homínido adaptado tanto al caminar erecto como a trepar a los árboles, y seguramente se alimentaba en la zona limítrofe entre los bosques y la sabana.

El estudio de sus dientes fue realizado por un grupo internacional al mando de Amanda G. Henry del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania, y fue publicado en Nature. Si bien estamos hablando del estudio de sólo dos indivíduos, y no de varios como para generalizar, los autores creen que si fuese representativo de toda la especie, A. sediba tenía una alimentación muy diferente a la de sus compañeros homínidos africanos. En el período que va de 3 a 1 millón de años atrás, existieron varios homínidos que caminaban sobre dos patas en África, los australopitecos eran el género más antiguo, y de ellos salieron los más antiguos representantes de nuestro género humano, el Homo habilis y el Homo erectus.

Por ahora sólo se han dado a conocer dos especímenes fósiles de A. sediba, una mujer bastante completa y un niño, pero se sabe que han sido descubiertos más especímenes, pero que todavía están siendo tratados y estudiados. Tenían brazos más largos que los de un humano actual, pero con rostro más parecido al humano que al de los Australopitecos. Medían más o menos un metro veinte de altura, y la mujer habrá pesado unos 33 kilos, mientras que el joven unos 27. El cerebro del joven medía entre 420 y 450 centímetros cúbicos (el de un humano actual promedia entre los 1200 y 1600).

Del estudio de los isótopos de carbón del esmalte dental, se puede conocer qué alimentos ingirió un ser vivo mientras vivía. El tipo y la cantidad de isótopos presentes en los dientes indicaron A. sediba comía hojas de árboles, frutas y corteza. También se estudian las marcas microscópicas presentes en los dientes, que muestran más lo que comió durante sus últimos tiempos. Este tipo de alimentación lo acercan más al Ardipithecus ramidus, un homínido de hace 4,4 millones de años, que a sus contemporáneos australopitecus, y a los posteriores humanos. Pero no debería sorprender mucho, ya que básicamente nosotros también somos comedores de pastos, en la forma de granos, que usamos para hacer pan, cereales, cerveza, fideos, ensaladas, etc. Sólo que al parecer en A. sediba era lo único que comía.

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