Escrito por Tendenzias

Observación del cielo de noche

Hay muchas formas de observar el cielo. Podemos simplemente abrir la ventana y ver cualquier cosa que logre llamar nuestra atención, o echarnos en el césped a contemplar las estrellas. Y, ¿por qué no?. Pero, ¿qué se puede observar en el cielo de noche?

Pero si queremos hacer de la observación del cielo una actividad aún más completa, estos consejos pueden ser de gran ayuda.

1. Informarse antes de mirar

Sin duda contemplar un buen cielo siempre es gratificante, pero para obtener resultados más satisfactorios es muy útil disponer de datos e información sobre lo que creemos que estamos mirando.

Y no hay excusas. La información hoy por hoy es mucho más fácil de encontrar -y transportar-. Los mapas celestes abundan en internet, y existen programas como Stellarium que son una inmensa base de datos. La información aporta sentido a la contemplación del cielo.

2. Armarse de paciencia

Cualidad indispensable para disfrutar de una noche de observación. Especialmente si tenemos expectativas de hallar algún objeto celeste en particular, o, por ejemplo, apreciar una escurridiza lluvia de meteoros.

Muchas veces al informarnos sobre lo que puede verse nos imaginamos automáticamente que lo veremos. Esto decididamente no es así, pero la dificultad en encontrar lo que buscamos es una de las características que enriquecen la observación y nuestro conocimiento.

3. Abrigarse y ponerse cómodo

Nunca confiarse de un atardecer cálido o templado. Cuando cae la noche, y permanecemos quietos durante horas, no es difícil adivinar quiénes estarán allí acompañándonos incondicionalmente en nuestra extravagante curiosidad: el frío, la humedad y el viento. Eventualmente se convierten en nuestro fieles acompañantes, capaces de arruinarle la velada a los más friolentos. Bebidas calientes y abrigos es una buena forma de estar preparado.

Otra cuestión: el cielo está en una posición que dudosamente sea del agrado de nuestro cuello. Si vamos a acostarnos en el suelo, lo mejor es que sea sobre una superficie cómoda que aísle mínimamente el frío provocado por el rocío. Si se usa una silla, esta debe estar lo más inclinada posible.

Estas medidas pueden sonar pomposas y exageradas, sin embargo cualquiera que haya pasado una noche en velo sin ellas no dudará en incorporarlas en la próxima ocasión.

Si usamos un telescopio, cuidado también con el cuello. Como muchos saben, a veces el ocular termina en una posición muy poco natural, provocando las características contracturas del aficionado a la astronomía.

4. Oscuridad absoluta

Cualquier instrumento que se nos antoje poderoso carece de total sentido si no logramos rodearnos de un mínimo de oscuridad. No importa si estamos en medio de la ciudad y nuestras esperanzas de observación se deshacen con la contaminación lumínica: lo importante es que la luz no nos de directo en el rostro, y que el lugar que elijamos sea lo más oscuro posible.

Tampoco es buena idea enceguecernos repentinamente con linternas que prendemos durante súbitas maniobras en la oscuridad. Una buena opción es utilizar luces rojas, o difusores, cuando necesitemos alumbrar.

Dave Ryan/The Enterprise / BE

5. Preparando el ojo

El ojo humano es capaz de percibir la luz remarcablemente. Es el instrumento más importante para la observación nocturna. Como todas las lentes, el ojo requiere de ciertos cuidados y preparativos. En principio, es muy importante brindarle oscuridad, y algo de tiempo para que se acostumbre a ella.

Muchas veces, observando con o sin instrumentos, resulta útil no enfocar la vista en el centro del objeto. Las nebulosas, por ejemplo, o los cúmulos de estrellas, pueden verse mejor si enfocamos la vista cerca, pero no directamente en el centro, del objetivo. De esta forma el ojo humano capta la luz de forma periférica, a través de otro tipo de células.

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Se sabe que una dieta rica en Vitamina A ayuda considerablemente a captar la luz ténue. Este suplemento puede encontrarse en alimentos como la lechuga, el brócoli, las zanahorias, papas y batatas, espinaca, etc.

6. Accesorios

Además del ojo humano, existen las típicas herramientas astronómicas para observar el cielo: binoculares y telescopios.

Contra lo que comúnmente se cree, la observación del cielo a través de binoculares puede ser tan o más satisfactoria que la de con un telescopio.

Los binoculares astronómicos básicos (10×50 ó 7×50) aportan algunas ventajas destacables frente a los telescopios estándares (reflector de 114mm ó refractor de 60mm). En principio, la utilización de binoculares es totalmente intuitiva, cualquiera puede usarlos, y no requieren de instrucciones previas.

Además, los prismáticos pueden transportarse perfectamente, incluso recibir algún que otro infortunado golpe. Los que están acostumbrados a llevar su telescopio de un lugar a otro saben que, a la larga, la transportabilidad significa una gran ventaja.

Pero aún más, el gran campo de visión que tienen los binoculares permite apreciar mucho mejor algunos objetos celestes en particular, como los cúmulos abiertos de estrellas. Las Pléyades, por ejemplo, pierden parte de su belleza al observarlas con el nivel de detalle que brinda un telescopio.

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Además de los instrumentos ópticos, existen un sinfín de herramientas para ayudarnos en nuestra noche de observación. Actualmente, podemos contar con la invaluable ayuda de la tecnología portátil, capaz de mostrarnos con exactitud el cielo en una pantalla.

Esto es muy útil a la hora de encontrar un objeto en el cielo. Sin embargo, una brújula de mano sigue siendo una de las principales herramientas para ubicar estrellas, planetas y cualquier objeto cuya órbita conozcamos.

Si estamos acompañados y queremos compartir nuestra observación con otras personas, puede ser de gran utilidad disponer de un puntero láser astronómico, generalmente de color verde (más visible en la oscuridad), para apuntar con precisión en el cielo el lugar que queramos señalar.

Comparación del cielo del campo y de la ciudad (Wikimedia Commons)

7. Un buen cielo

Podemos tener la mejor de las vistas y el mejor de los telescopios, pero si el cielo no ayuda, de nada servirán. Si tenemos la opción de elegir el día y lugar de nuestra observación, obtendremos mejores resultados.

Dando por hecho que optaremos por un lugar lo más posiblemente libre de contaminación lumínica y de una noche sin nubes, es importante remarcar que es una excelente idea esperar por noches frías y secas, que abundan en otoño e invierno.

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Si bien el frío puede ser incómodo, pronto encontraremos que la falta de humedad en el aire facilita enormemente la observación, resultando en noches más claras y nítidas. Los relieves montañosos alejados del mar también ayudan en este sentido.

8. Observando el cielo

Lo que se puede ver en el cielo depende totalmente del lugar. No sólo geográficamente, sino respecto al grado de contaminación lumínica.

En una ciudad, tanto en el hemisferio sur como norte, los objetos destacables suelen ser la Luna, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, las constelaciones más brillantes, alguna nebulosa y cúmulos de estrellas, y quizá una galaxia si disponemos de herramientas y mucha suerte.

Esto sólo ya nos brinda muchas oportunidades para la observación. La Luna cambia constantemente, y si bien siempre vemos la misma cara, no es lo mismo observarla bajo el brillo deslumbrante de su fase Llena, que con las reveladoras sombras proyectadas durante su Cuarto Menguante y su Cuarto Creciente. Los eclipses también se ven lo mismo en el campo que en la ciudad.

Júpiter es otro astro que ofrece variables constantes. Con un buen par de binoculares o un telescopio sencillo, pueden apreciarse sus lunas más grandes, Io, Europa, Gamínides, y Calisto, alternando día a día sus posiciones alrededor del enorme planeta. Un telescopio mediano es capaz de enseñar los cinturones de Júpiter y el tránsito de la Gran Mancha Roja.

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Júpiter a través de un telescopio mediano (TAMMY PLOTNER)

Saturno es otro planeta cuya observación siempre llama la atención, por la presencia de sus anillos, ya visibles a través de un telescopio pequeño, incluso adivinables con binoculares (su forma se presenta ligeramente achatada y amarillenta, comparada a los puntos de las estrellas).

Venus y Marte requieren de medianos y grandes telescopios para llegar a apreciar sus detalles, sin embargo son dos planetas ideales para ver a simple vista. Venus porque es el astro más brillante después del Sol y la Luna, y Marte por su peculiar tono rojizo anaranjado, muy luminoso también durante algunas épocas del año.

Las estrellas difícilmente sean objetos particularmente bellos para observar. La gracia consiste en observar agrupaciones de estrellas, ya sea adivinando las figuras de las constelaciones más famosas del cielo, o contemplando el brillo que proviene de aglomeraciones más concentradas de soles, como los cúmulos abiertos (por ejemplo, Las Pléyades, M44, ó M7), o los cúmulos globulares (como M13 ó M22).

Estos conjuntos de estrellas pueden verse decentemente en la ciudad, algunos a simple vista y otros a través de binoculares y telescopios.

La nebulosa más conocida quizá sea la de Orión, fácilmente ubicable cerca del cinturón de la constelación, y visible con prismáticos. En Sagitario también puede detectarse la Laguna y la Trífida, y existen un par más de nebulosas que pueden verse difícilmente en la ciudad.

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Las coloridas y espectaculares imágenes de nebulosas que circulan por todos lados sólo se obtienen a través de fotografías de larga exposición, y de ninguna manera corresponden a lo que nuestro ojo es capaz de observar, incluso con telescopios potentes.

Las galaxias son, indudablemente, el santro grial del aficionado. Son los objetos más difíciles de observar, pero los más impresionantes, por lo que significan y por sus formas.

La Galaxia de Andrómeda es la que puede verse con mayor facilidad, ya que se trata de una gran galaxia vecina a la Vía Láctea, que eventualmente colisionará con nosotros (dentro de miles de millones de años). Es necesario un telescopio para observarla, pero se la puede ver incluso desde una ciudad, en una noche oscura.

En el campo, o en lugares donde no llega la contaminación lumínica, estas opciones son exponenciales. Pero además de multiplicarse las oportunidades para ver más objetos, lo realmente maravilloso es poder apreciar la Vía Láctea desde la Tierra, algo que no tiene comparación con ningún otro aspecto de la observación nocturna del cielo.

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