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Bacterias intestinales pueden separar especies

Los microorganismos que llevamos dentro podrían llegar a generar nuevas especies, según un nuevo estudio. Los biólogos especialistas en el estudio de la evolución han estudiado la forma en la que evoluciona una nueva especie a partir de otra durante décadas, este nuevo descubrimiento aporta un aspecto totalmente nuevo a este campo.

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Hoy existen millones de especies de seres vivos diferentes gracias a un proceso de la evolución conocido como especiación, que es simplemente cuando a partir de una población inicial, surge una especie diferente que termina siendo incompatible, reproductivamente, con la especie original. Así ha evolucionado la biodiversidad alrededor del mundo, durante miles de millones de años. Uno de los procesos más comunes que generan la especiación es el aislamiento geográfico, mediante el cual una población inicial queda dividida por alguna barrera geográfica, como la suba del nivel del mar, una cadena montañosa, etc. Luego de varias generaciones, cada grupo se adapta a las condiciones locales, que pueden llevar a que los dos grupos se transformen en especies diferentes, y por ende no puedan generar descendencia fértil. 

El artículo, publicado en Science por Robert M. Brucker y Seth R. Bordenstein, biólogos de la Universidad Vanderbilt, introduce una forma totalmente nueva de ver qué es lo que separa a las especies. En vez de que sólo los genes de los padres fuesen los culpables de que un híbrido entre dos especies diferentes no prospere, los biólogos podrían pensar cómo los genes de los padres son incompatibles con los microorganismos viviendo dentro de sus crías.

En este estudio se trabajó con tres especies diferentes de avispas parasitadoras que depositan sus huevos en las pupas de las moscas, dejando que sus crías se alimenten del cuerpo de su “anfitrión”. Dos de las especies, Nasonia giraulti y N. longicornis, están estrechamente relacionadas, mientras que una tercera especie, N. vitripennis,se cree que se separó de las otras hace más de 1 millón de años.

Cuando las dos especies relacionadas fueron emparentadas en laboratorio, sus crías sobrevivieron, pero cuando cruzadon a estas dos especies con la tercera más alejada, la cosa cambia, casi ninguna larva sobrevivió.

Los autores del estudio se preguntaron si la razón para esta mortalidad de los híbridos estaba más allá de un ADN incompatible. Sabían que los microbios presentes en la panza de la N. vitripennis, la parienta lejana, diferían con los de las otras dos especies, por lo que sospecharon que podrían desempeñar un papel en la muerte de las crías.

Y así fue. Cuando criaron a las tres especies con alimentos estériles, para lograr que no se generasen microbios en la panza, la mayoría de las crías sobrevivieron, sin importar la incompatibilidad del ADN. Cuando reintrodujeron los microbios, la mayoría de los híbridos fruto del cruce con la parienta lejana fallecieron.

Los autores creen que algunos genes de los padres pueden habilitar al sistema inmune a chequear qué bacterias tienen en la panza, y si son incompatibles, el animal se enferma y muere. Pero ellos van un paso más allá, al agregar que los microbios son tan importantes para la evolución como los genes de sus propias células. Los autores lo llaman el hologenoma.

Pero otros investigadores no están de acuerdo, sino que dicen que los microbios interactuan con el organismo que los aloja, así como la mayoría de los seres vivos interactúan entre sí en la naturaleza, formando la biodiversidad de los ecosistemas, por ejemplo, con la relación depredador y presa. No co-evolucionan como una unidad. Pero sí puede existir una gran diferencia entre cómo se establece la comunidad de microorganismos en un organismo mayor. Habrá que seguir estudiando para ver si se descubren más ejemplos, en la naturaleza, de especies separadas por bacterias.

Fuente: Science

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