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Observando el Sol

El Sol, especialmente ahora que está en su ciclo de mayor actividad, es muy interesante para la observación. ¿Qué hay que hacer para verlo y qué se puede descubrir?

Erupción solar, NASA (SDO)

Como cualquier manual de telescopio advierte, nunca hay que ver el Sol a través de los instrumentos ópticos, ni siquiera es recomendable hacerlo a simple vista (con la excepción, quizá, de un atardecer o amanecer). Hacerlo daña irremediablemente al ojo.

Pero esto no es impedimento para la curiosidad del aficionado. Tomando las debidas precauciones, y con las herramientas apropiadas, es perfectamente posible observar el Sol. En algunos casos, con un lujo de detalles asombroso.

Los métodos más simples

Estos métodos básicos permiten observar la forma del disco solar, y el tránsito de las manchas solares.

Las manchas solares son interesantes puntos en la imagen, que representan las regiones más frías del Sol. Al poseer menor temperatura, no brillan de la misma forma que el resto de su superficie. Se producen por causa del flujo magnético del Sol, por lo que constantemente aparecen, desaparecen y rotan como el Sol.

Observar su tránsito es un ejercicio interesante para el aficionado, ya que sus apariciones están directamente ligadas con el “estado del tiempo” del Sistema Solar: las tormentas solares, la velocidad del viento solar, los cambios magnéticos, y la presencia de auroras en los polos de la Tierra.

  • Proyección solar:

Es el método más seguro y accesible. Requiere de un telescopio (preferentemente refractor y de diámetro pequeño, de otro tipo puede dañarse por el sobrecalentamiento), y un cartón u hoja de color claro.

Nunca hay que observar el Sol viendo por el ocular o el buscador del telescopio. En lugar de eso, hay que colocar el cartón donde iría nuestro ojo, apuntar el telescopio con la tapa puesta hacia donde deducimos que se ubica el Sol (sin ver por el buscador), y luego acercar y alejar el cartón hasta que la imagen del Sol, una vez destapado el telescopio, quede proyectada y enfocada en el cartón. Al alejar la superficie blanca del ocular, la imagen se agranda hasta que pierde enfoque, y viceversa.

Se obtienen mejores resultados rodeando al telescopio de oscuridad, o fabricando una caja entre la superficie donde se proyecta y el ocular. También es recomendable darle un respiro al telescopio frecuentemente, cambiándolo de posición o apuntando el tubo hacia otra dirección, para evitar que se caliente mucho.

Si bien el ojo no corre peligro durante una proyección solar, las personas más sensibles a la luz pueden notar que el haz de luz proyectado sobre la hoja es muy intenso y molesto. En ese caso, es recomendable desviar la mirada y alejar la hoja del ocular, para que la luz no se concentre tanto en una zona y se disperse un poco. También se pueden utilizar lentes de Sol para observar la proyección (pero nunca al Sol directamente).

Los resultados que se pueden obtener mediante el recurso de la proyección solar dependen de muchas variables. El tamaño del telescopio es importante si queremos detectar algo más que la forma del Sol y las manchas solares más grandes, pero al no recomendarse el uso de telescopios medianos o grandes para este tipo de técnica, no se pueden esperar muchos detalles en la imagen.

Intentar una proyección solar a través de prismáticos también es posible. Sin embargo, son más propensos a sobrecalentarse, y habrá que “enfriarlos” con mayor rapidez y frecuencia. Es mejor dejar tapado uno de los dos lentes del binocular (así se evita más el calentamiento y cualquier accidente).

Proyección solar a través de binoculares

Al contrario de lo que sucede con la observación nocturna de objetos celestes, el mejor momento para ver el Sol es durante la mañana, poco después del amanecer. De esta forma se evitan turbulencias de la atmósfera, aunque si se observa desde una ciudad, también habrá que poner en la balanza el efecto negativo del smog urbano, que se acumula sobre la línea del horizonte impidiendo ver con claridad.

Lo mejor es hacer varias pruebas a lo largo de un día despejado para descubrir cuál es la opción más satisfactoria según la ubicación del observador.

  • Filtro solar:

Si posees binoculares o un telescopio y quieres ver el Sol a través de ellos, es excluyente el uso de un filtro solar adecuado. Estos filtros se colocan en el tubo, por donde primero entra la luz.

Filtro solar de mylar marca Celestron

Nunca hay que utilizar un filtro que se coloque en el ocular, porque el calor que se concentra ahí puede fácilmente romper el presunto “filtro”, y permitir el paso de la luz del Sol directamente sobre el ojo desprotegido.

Los filtros que se adjuntan al ocular son sólo para observar la Luna Llena, y no sirven para el Sol. Los filtros solares, que siempre se colocan en el tubo del telescopio (por eso son más grandes), son accesorios que se comercializan en las tiendas de óptica y astronomía, y es muy importante que se adquieran en lugares de confianza y que sean del tamaño exacto del telescopio.

Sol y manchas solares a través de un filtro solar

Siempre hay que verificar que no estén dañados antes de colocarlos, o que no haya corrientes de viento u otros factores capaces de quebrarlos mientras se realiza la observación. Estos filtros pueden ser de vidrio, de lámina (generalmente marca Baader), o de mylar.

Profundizando la observación solar

  • Filtros hidrógeno alfa:

Este es un tipo de filtro especial que se diferencia de los normales (que permiten ver el Sol en una luz blanca “natural”).

La línea de emisión más larga para el hidrógeno se llama alfa, y este filtro especial permite detectarla eliminando luz. Así se logra ver gran parte de lo que pasa en el Sol (que está compuesto de un 73% de hidrógeno).

El Sol a través de un filtro hidrógeno alfa

Con un filtro hidrógeno alfa, es posible ver los fenómenos que suceden en la cromósfera del Sol, como las prominencias, las erupciones solares, y otros cambios constantes en la explosiva corona solar. Con un filtro así, en los períodos de mayor actividad solar, el observador nunca se aburrirá, pero son accesorios muy costosos.

  • Telescopios solares:

Existen algunos telescopios únicamente diseñados para observar el Sol. Actualmente los modelos más exitosos son los fabricados por Meade (Coronado) y Lunt. Se tratan de telescopios costosos, teniendo en cuenta que sólo pueden utilizarse para ver el Sol, pero que evita peligros y daños al tiempo que brinda las mejores imágenes.

El más económico y popular (pero excelente), es el Personal Solar Telescope de Coronado, Meade.

Telescopio PST Coronado (Meade)

El PST Coronado se comercializa a un precio de 700 dólares y, entre otros beneficios que tiene frente a un telescopio normal, posee una cómoda portabilidad (estos telescopios no necesitan específicamente captar la luz, por lo que son más cortos, y tampoco es elemental la utilización de un trípode).

Monitoreando el Sol día a día

Hoy por hoy, la información es accesible mediante internet y no es necesario poseer ninguno de estos instrumentos para obtener una imagen actualizada del Sol, o saber qué está pasando en él.

Es muy interesante, especialmente durante los ciclos más activos del Sol como el que estamos viviendo, llevar un monitoreo de nuestra estrella a través de las noticias que, hora tras hora, actualizan los sitios de internet especializados.

Para ello es recomendable visitar, por ejemplo, el sitio web Spaceweather, donde constantemente se sube información del “estado del tiempo” solar: la velocidad y densidad del viento solar, imágenes de las manchas solares, la presencia de auroras en la Tierra, la probabilidad de tormentas magnéticas, y todo lo relacionado con la intensa actividad de nuestra inquieta y maravillosa estrella.

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