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Las peleas moldearon la mano humana

La mano humana es una pieza magníficamente moldeada por la evolución, capaz de una agilidad y una destreza sin parangón en la naturaleza. Puede crear pinturas con detalles increíbles, interpretar música, manipular herramientas, y también servir como arma. Según David Carrier, de la Universidad de Utah, podría ser que la forma de la mano humana no sólo sea una adaptación a la gran variedad de habilidades que podemos lograr con ella, sino que habría evolucionado para pegar trompadas.

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Carrier es un biólogo evolutivo que se especializa en la evolución de la biomecánica de los vertebrados, de los cuales formamos parte, por supuesto. Es uno de los propulsores de que toda nuestra anatomía evolucionó para lidiar con las costumbres maratonistas de nuestros antepasados. Según Carrier, uno podría manipular las proporciones de una mano de chimpancé a fin de mejorar su destreza manual, pero no tendría por qué terminar con la forma de la mano humana.

Los chimpancés, nuestro pariente evolutivo más cercano, tienen palmas y dedos muy largos, con pulgares cortos, mientras que la mano humana tiene palma y dedos cortos, pero el pulgar es más largo y mucho más fuerte. Este diseño de la mano humana nos permite apretarla en forma de puño cuando doblamos el pulgar cruzando las puntas de los demás dedos. Mientras que los chimpancés no pueden formar un puño, ya que la mano de dobla quedando abierta, y sin estar apretada y compacta. Carrier se pregunta en un estudio publicado en Journal of experimental Biology, si esta habilidad de la mano humana de compactarse aporta un soporte interno para proteger a los dedos durante un combate. A la vez, también se preguntó si esta capacidad no permitiría a los humanos poder descargar golpes mucho más fuertes, al incrementar la fuerza del impacto con el puño, más que un simple sopapo de mano abierta.

Carrier, junto con Michael H. Morgan, decidieron estudiar la efectividad de la mano humana tanto pegando trompadas con el puño cerrado, como cachetazos con la mano abierta. Carrier es un deportista, y Morgan un artista marcial, aparte de ser biólogos, así que pudieron experimentar de primera mano, a la vez que les fue sencillo conseguir sujetos para sus experimentos, a los que pusieron a golpear bolsas de boxeo de muchas formas diferentes para analizar la fuerza del impacto. Se sorprendieron al descubrir que el puño no aportaba beneficio en cuanto a la fuerza del impacto, frente a la palma abierta. Pero lo que sí aporta el puño cerrado humano es rigidez. El poder colocar el pulgar apretando a los otros dedos, le da a la mano una dureza cuatro veces superior a la forma en que un chimpancé puede enrollar su mano.

Pero si bien la fuerza del impacto no cambiaba, sí aumenta la cantidad de presión y fuerza que se puede aplicar al golpe con el puño cerrado, ya que permite que quien golpea pueda absorber el golpe sin dañarse, pero sí dañando al otro. La fueraza del golpe se transmite a la muñeca a través de los huesos de la palma de la mano, los metacarpos, y gracias al pulgar y al índice, que quedan perfectamente presionados en el puño. Así es que la mano está perfectamente adaptada para poder descargar fuertes golpes con la máxima potencia posible, sin dañarnos. Una adaptación paralela a la de que la mano sea tan útil para otras tantas actividades humanas.

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