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¿Por qué no comemos insectos?

Un detalle que suele atraer mucho a la gente en los programas de televisión de viajes es el de la comida local. Cuanto más rara, más divertido. ¿Cuántos de ustedes habrán puesto cara de asco al ver que en algunas culturas se comen insectos? Pero, ¿por qué los insectos no son un alimento habitual en todas las culturas humanas?

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A ver, ubiquémonos un poco. Los insectos, como las hormigas, chinches, escarabajos o moscas, son artrópodos, del mismo modo que lo son los crustáceos como los camarones, los cangrejos, los langostinos o las langostas. Así que si en la sociedad occidental comemos estos últimos, ¿por que no los primeros? En la mentalidad occidental, los insectos son llamados bichos, de forma despectiva, porque son vistos como sucios y peligrosos, y merecedores de una muerte inmediata.

image Es que dese pequeños aprendemos a temer a los insectos: las avispas nos pican, las moscas transportan enfermedades, las hormigas y los escarabajos muerden, etc. Incluso las abejas, de las que obtenemos la miel, nos causan miedo por su picaduras. A los artrópodos marinos, por el contrario, no solemos verlos nunca en su ambiente, ya que no vivimos en el mar.

-|¿Por qué no existen insectos de tamaño humano?|-

Incluso en la cultura popular está repleto de novelas y películas con insectos gigantes o plagas asesinas. Pero así como hay insectos peligrosos, también hay plantas, hongos y animales peligrosos, y sin embargo no nos impide alimentarnos de esos grupos. Nuestra sociedad occidental se ha inclinado a lo largo de siglos y siglos a no distinguir entre insectos buenos e insectos malos.

Como en el artículo que citábamos antes de por qué no hay insectos gigantes, solemos tener la idea de que todos los insectos son monstruos en miniatura, con sus antenas, pinzas y múltiples patas y apéndices. Si los catalogamos a todos como malos, será más sencillo lidiar con ellos.

La mayoría de los granjeros u horticultores, ven a los insectos como pestes, y lo cierto es que la mayoría de ellos son beneficiosos para los cultivos, por lo que lso pesticidas, que barren con los buenos y malos insectos, suelen hacer desastres en la biodiversidad, que terminan afectando la productividad de los cultivos, que necesitan cada vez más ayudas artificiales, como los fertilizantes.

Pero lo cierto es que nuestros parientes primates, como los chimpancés, comen muchos insectos, como por ejemplo termitas. Nuestros antepasados homínidos también lo hacían, y muchas culturas de la actualidad lo siguen haciendo. Son excelentes como fuente de nutrientes, y no son todos malos.

En las culturas no occidentales los insectos son una parte importante de la alimentación, aportan proteínas, grasas, vitaminas, minerales y fibra. Donde comer insectos es la norma, la gente puede distinguir claramente entre insectos buenos, e insectos malos, e incluso identificar diferencias entre cada temporada, como lo hacemos los occidentales con las frutas, por ejemplo. Saben cuándo se cosechan las larvas, qué insectos evitar en estado adulto, etc.

Pero un problema que empieza a surgir en estas culturas no occidentales es el de la globalización, y la expansión de las ideas culturales occidentales. En Mali, país del oeste de África, era común que los niños saliesen a buscar langostas entre los cultivos. Su alimentación incluía mijo, sorgo, maíz, pescado y maní, por lo que las langostas eran una fuente importante de proteínas.

Pero cuando empezaron a utilizar pesticidas para poder vender más, a fin de entrar en el círculo consumista en el que los habían metido, las langostas desaparecieron, y con ellas una fuente de proteínas para los niños. Heather Looy y colegas, realizaron un estudio sobre estos cambios, y han descubierto, incluso, que en muchas culturas evitan el hablar de los insectos como alimento frente a extranjeros, para no ser prejuzgados.

Los insectos son una fuente muy importante de nutrientes que se está dejando de lado, cuando cientos de millones de personas sufren de desnutrición cada año en el mundo. Pero para poder instalarlos como alimento viable, hay que luchar contra la identidad social y cultural, ya que la comida suele estar fuertemente asociada a ella. Un libro excelente sobre el tema es el del antropólogo Marvin Harris, Bueno para comer (pdf).

Lo bueno de los insectos

image Los humanos somos omnívoros, podemos comer casi cualquier cosa. Pero ese podemos es una obligación, también, ya que debemos obtener nuestros nutrientes de una gran variedad de alimentos. No somos como un koala, que sólo come hojas de eucaliptus, y de allí obtiene todos sus nutrientes. Nosotros los obtenemos de distintos alimentos, es una adaptación a poder sobrevivir si la fuente de alimentos desaparece, si es una sola, nos extinguimos, si puede ser casi cualquiera, entonces nos volvemos a adaptar a un nuevo tipo de alimento.

Así es que necesitamos variedad de alimentos para conseguir los nutrientes necesarios para mantener nuestro cuerpo funcionando. Pero el ser humano, también es un animal altamente cultural, por lo que no elige sus alimentos sólo porque son mejores para su salud, sino que evita algunos nutritivos por tabúes culturales, y favorece otros malos para la salud, por costumbres sociales.

A veces, nuestro cerebro automático nos dice que una comida es mala para nosotros, porque tiene sabor agrio o mal olor, que se asocia con alimentos en mal estado, pero nuestro cerebro consiente y cultural, nos dice que está bien comer un tomate, que es agrio, o un queso camemberg o roquefort, cuyo olor debería alejarnos.

Los insectos son más eficientes en convertir sus propios alimentos en masa corporal, es decir en engordarse para que los comamos. Por ejemplo, tan sólo el 55% del peso de un cerdo se transforma en alimento, mientras que la ninfa de un grillo aporta el cien por cien de su peso en alimento, o el 80% si se lo come en su estadio adulto. Y ocupan menos espacio para su crianza, ya que no necesitan gastar mucha energía para mantener una temperatura corporal, por lo que crecen más rápido.

Criar insectos sería mucho más barato, eficiente, y aportarían muchos más nutrientes que los típicos alimentos que ocupan tanto espacio y consumen tantos recursos de la cultura occidental. Pero hay que convencer a la gente de comerlos. Hay que probar.

Referencias

  • Krystal D’Costa, Scientific American.
  • Heather Looy, Florence Dunkel, John Wood. (2013). How then shall we eat? Insect-eating attitudes and sustainable foodways. Agriculture and Human Values DOI: 10.1007/s10460-013-9450-x
  • Arnold van Huis (2013). Potential of Insects as Food and Feed in Assuring Food Security. Annual Review of Entomology., 563-583 DOI: 10.1146/annurev-ento-120811-153704

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