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Tibetanos, superatletas de altura gracias a humanos extintos

En el Tibet, con un promedio de altura de 5000 metros, el oxígeno es más escaso, y cualquier persona del llano se cansaría muy fácil. Pero los tibetanos tienen un gen que les ayuda a obtener más oxígeno del aire, y al parecer lo obtuvieron de unos enigmáticos humanos que se extinguieron hace unos 40 mil años. Los llamados denisovanos.

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Los investigadores siempre se preguntaron cómo es que los tibetanos podían vivir normalmente a más de 4000 metros, donde el oxígeno es muy escaso, y no sólo hace que una persona del llano se canse más rápido, sino que puede un malestar general.

Otras poblaciones de altura, como los nativos de los Andes, se han adaptado corporalmente para tener una caja toáxica mayor, y por ende poder procesar más aire, aparte de que tienen más hemoglobina (transportadora de oxígeno) en la sangre.

Pero los tibetanos tienen menos hemoglobina, que al parecer les ayuda a evitar problemas serios como por ejemplo coágulos en el torrente sanguíneo e infartos causados cuando la sangre se vuelve más viscosa por la abundancia de hemoglobina.

Hacia 2010, investigadores descubrieron que los tibetanos disponían de varios genes especiales que les permitían aprovechar el oxígeno escaso de las alturas de una forma más eficiente. Esto les permitía incluso ejercitarse del mismo modo que lo haría un corredor de 100 metros llanos a nivel del mar. Es decir, enviando el oxígeno suficiente a sus músculos.

El más llamativo es la versión de un gen llamado EPAS1, que regula la producción de hemoglobina. Se descubrió que se había expandido entre los tibetanos en apenas unos 3000 años, que para el accionar de la selección natural es algo rápido.

Hasta la fecha, es el la expansión más rápida que se ha medido, por lo que llevó a los investigadores a preguntarse de dónde vino esa variación del gen.

En un estudio reciente de un equipo internacional, se ha logrado secuenciar este gen EPAS1 en 40 tibetanos y 40 chinos han. Ambas poblaciones tienen ancestros comunes, y se cree que se separaron hace unos 5500 años. Al parecer todos los tibetanos tenían el mismo gen, y sólo dos de los 40 chinos tenían esa versión.

Al hacer una comparación más amplia, con el banco genético del Proyecto Genoma, que incluye a mil personas de diversas partes del mundo, no encontraron ninguna otra persona con esa misma variante del gen EPAS1.

Para aclarar el misterio, buscaron el gen entre poblaciones de antiguos humanos, como los neandertales y los denisovanos. Los primeros vivieron en Europa y Asia entre unos 250 mil años y 30 mil años atrás, y los segundos vivieron en Asia central, hasta hace unos 40 mil años, pero sólo se los conoce por fragmentos de hueso y por sus genes.

El misterio aumentó cuando descubrieron que la variante del gen tibetano la habían heredado de los denisovanos, los cuales son conocidos gracias al fragmento de hueso de un dedo descubierto en la cueva Denisova, en Siberia.

¿Cómo fue que los tibetanos heredaron el gen de un grupo humano que vivió hace unos 40 mil años? Mediante modelos informáticos, los autores del estudio descubrieron la única explicación posible en que tanto tibetanos como los chinos han, heredaron el gen al cruzarse con los denisovanos, una población que como decíamos se conoce por sus genes, que al parecer estaban más emparentados con los neandertales, que con nosotros los Homo sapiens.

Se cree que los denisovanos desaparecieron cuando sus pequeños grupos fueron absorvidos por las poblaciones mayores de Homo sapiens que poblaron China y parte del Sudeste Asiático. Por eso sólo algunos genes de ellos han sobrevivido en estas poblaciones actuales.

En evolución, existe un término conocido como selección negativa, que es cuando la selección natural actúa para eliminar rasgos que no aportan nada, o que pueden ser dañinos. Por eso la variante tibetana del EPAS1 casi desapareció de los chinos Han, pero permaneció entre los tibetanos, para los cuales es totalmente beneficioso.

Esto demuestra una vez más que la cruza entre nuestra especie, el Homo sapiens, y los otros humanos que existieron hace más de 40 mil años, nos aportó muchos beneficios. No fueron adaptaciones de nuestra propia especie, sino que las recibieron mediante el intercambio genético con otras especies humanas.

Fuente: Science

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