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Caracoles que sacrifican su “pie” para sobrevivir ataque de serpiente

El caracol Satsuma caliginosa, originario de las islas japonesas de Ishigaki, Iriomote y Yonaguni, se caracteriza por tener una casita bien dura, en la que incluso la tapa blanda que quedaría cuando el caracol se mete dentro, está protegida por una piel dura, lo que le da una armadura a prueba de su enemigo jurado la serpiente Pareas iwasakii. El problema ocurre cuando el caracol es joven y todavía no ha desarrollado por completo su concha espiral, y es perseguido por su némesis. Para esto ha desarrollado otra estrategia que recuerda la de las lagartijas, ya que si son atacados por la serpiente pueden liberar o auto amputarse su único “pie”, para poder escapar.

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Entre las lagartijas es bastante normal que se desprendan de sus colas, para dejar una distracción atrás cuando están escapando de un depredador. Pero no se conocía un método de distracción similar entre los lentos caracoles. El caracol S. caliginosa se caracteriza por tener una concha espiralada de color marron, con una entrada “fortificada”. Ese hueco por el cual el cuerpo del caracol emerge o se mete, según la ocasión, está construido con material extra, complicando en demasía el trabajo de la serpiente que quiera extraer al caracol una vez se ha replegado al interior de su bunker.

Pero los caracoles S. caliginosa jóvenes no pueden construir esa armadura extra, ya que todavía no han terminado de madurar su concha, lo que los deja vulnerables al ataque de las serpientes. Estas serpientes, P. iwasakii, tienen un trabajo fácil con los caracoles que tienen sus conchas espiraladas en el sentido de las agujas del reloj, entre los caracoles S. caliginosa ha evolucionado una adaptación contra eso, al tener su espiral contrareloj, lo que les da una protección extra.

Un nuevo estudio, publicado en Proceedings of the Royal Society B, ha descubierto que para compensar el desamparo de los jóvenes caracoles que todavía no tienen la protección de la concha, han desarrollado la habilidad de auto mutilarse el “pie” cuando son atacados. Obviamente, los caracoles no tienen pies, se le dice así a la parte del cuerpo que el caracol utiliza para movilizarse, que parece más una cola que un pie.

Según el estudio, los jóvenes caracoles sobreviven al ataque de las serpientes sacrificando el “pie”, brindándole a su enemiga un bocado distractor mientras escapan para vivir otro día. Es una opción costosa para el caracol, ya que le lleva un mes, más o menos, el que le vuelva a crecer. La investigadora Masaki Hoso, a cargo del estudio, logró recolectar muchos caracoles en estado salvaje con el pie segundón. Según sus cálculos, eran mayoría, frente a los que nunca habían perdido el pie, por lo que al parecer no es algo que les termine costando la vida.

Fuente: LiveScience

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