Escrito por Tendenzias

¿Por qué nos apuramos a esperar?

A lo largo del día toda persona debe esperar, ya sea el autobús, el tren, en la fila del Banco, para conseguir un asiento en el restaurante, para ir al cine, para ir al baño luego de ver la película (si eres mujer), esperar es parte de nuestra vida social. Las esperas pueden ser de minutos o de horas si estás esperando que salga tu avión. Así que una persona curiosa, como un antropólogo, por ejemplo, podría sentarse no a esperar, sino a mirar a los que esperan, y descubriría que existen muchos y variados estilos de espera. Algunos necesitan estar haciendo algo, ya sea leyendo, escuchando música, o tejiendo. Algunos están tan pendientes que no pueden hacer nada más que esperar, y se la pasan mirando el reloj o el teléfono móvil. Sea como sea, hemos perdido la capacidad de otros animales de pasar el tiempo ociosamente, sin hacer absolutamente nada. La forma en que la gente espera es el resultado tanto de la personalidad como del ambiente social del individuo.

espera aeropuerto

Tomemos dos ejemplos. Uno es la espera antes de abordar el avión, otro antes de entrar a ver una película en el cine. En ambos tenemos nuestros asientos asegurados, con número y todo, nadie nos los podrá quitar. También sabemos con exactitud la hora en la que podremos ocupar esos asientos. ¿Así que por qué la gente se suele agolpar en la entrada, incluso formando filas cuando no hace falta, mucho tiempo antes de que las puertas se abran? ¿Por qué el apuro por esperar?

Alrededor de esas entradas, seguramente habrá sillones para esperar tranquilamente sentados, habrá mucho espacio para que la gente no tenga que estar apretada. Sin embargo, bastará una única persona que acuda cerca de la entrada para que los demás se pongan nerviosos y acudan también, no vaya a ser que se queden sin lugar.

esperar La espera es el período que transcurre hasta que ocurra algún evento esperado. No hay un método escrito sobre cómo se debe esperar, sin embargo, en ciertos contextos, todos tendemos a tener un patrón similar de espera, una impaciencia de grupo que puede llevar a estrategias agresivas para posicionarse mejor ante el evento esperado. Es una especie de respuesta a una necesidad de defender el territorio. Los territorios públicos se supone que son de todos, pero cada individuo toma posesión del espacio que ocupa mientras espera. Algunos prefieren abandonar el territorio invadido, como suele ocurrir cuando se nos para alguien cerca en el tren, en el autobús o se ubican en la misma mesa de la biblioteca. Pero si el sitio del que nos hemos adueñado momentáneamente nos profiere alguna cierta ventaja, no querremos abandonarlo.

Volviendo al ejemplo del cine y el avión, si bien el sitio que tendremos está asegurado, existe un beneficio psicológico al poder sentarse y reclamar el espacio, a la vez que también proporciona cierta calma, el acercarse a la entrada o al empleado que avisará cuándo se puede entrar. Muchos querrán llegar primero, para poder ser los que establezcan los límites alrededor de su asiento, y ver que alguien se prepara para hacerlo, el primero en ir hacia la entrada, predispone a los demás, que tal vez no tenían apuro, a querer hacer respetar su territorio, ese que todavía no han podido reclamar, pero que es suyo.

La espera larga que se acerca al final, así como las esperas cortas, predisponen a esta danza social complicada, en la que la gente la gente compite por un espacio, generando más ansiedad y ganas de que esa espera termine, que si uno sabe que tiene una hora o más por delante. Pero tampoco son tan malas las esperas, si no estamos pensando todo el tiempo en cuándo se terminará la espera, pueden resultar productivas, ya que nos permiten pensar en estos tiempos en que todo es rápido y casi sin oportunidades de meditar un poco. Acuérdense de esto, cuando les toque esperar nuevamente, no luchen por el puesto, y aprecien desde lejos esa el ajedrez social de la espera.

Fuente: Scientific American

Artículos recomendados

Lo más interesante
Top 6
artículos
Síguenos