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Tomar mucha o poca agua

Nuestro cuerpo nos protege de los excesos y de la escases, tanto de agua, como de alimentos. Son señales como el hambre, la sed o la saciedad, que podemos elegir ignorarlas, pero a veces el cerebro nos lo hace tan difícil, que resulta casi imposible no hacerle caso. Un nuevo estudio revela la raíz de estos mandatos del cerebro.

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Investigadores australianos escanearon el cerebro de un grupo de voluntarios mientras tomaban agua. Así pudieron notar, que cuando alguien tomaba agua en respuesta a una sensación de sed, se iluminaban las áreas del cerebro involucradas en la toma de decisiones emocionales. Por otro lado, se iluminaban las áreas relacionadas con el control de los movimientos cuando la gente tomaba agua a pesar de estar satisfechas.

Se cree que esos circuitos de saciedad evolucionaron para prevenir los excesos, que no son buenos para el organismo. Por ejemplo, el exceso puede ser dañino para nuestro cuerpo. Tomar demasiada agua satura de trabajo a los riñones, que son incapaces de funcionar lo suficientemente rápido como para eliminar el exceso de líquido en el cuerpo.

Esto resulta en un baja de los niveles de sodio, potasio y cloro en la sangre. Minerales muy importantes para el buen funcionamiento del organismo, como por ejemplo los músculos, dentro de los cuales se incluyen el corazón y los relacionados con la respiración. Si el exceso es muy grande, incluso puede traer problemas cerebrales.

Lo ideal es tomar entre 2 y 2,5 litros al día, si uno no tiene demasiados requerimientos físicos. Si hace ejercicio, deberá aumentar la cantidad de agua que toma. Pero el exceso de agua no suele ser el problema, sino que lo normal es que la gente toma agua de menos, que también genera problemas a las personas como irritabilidad, fatiga, y bajo rendimiento físico e intelectual.

Cuando hablamos de exceso, nos referimos a más de 7 litros de agua al día, que es el máximo tolerable por un cuerpo para poder funcionar sin problemas, un organismo que no está haciendo ejercicio, es decir, que no ha perdido agua por transpiración.

El instinto para la sed en los humanos, que por lo general nos llega cuando ya el cuerpo está en falta de líquido, evolucionó hace unos 400 millones de años, cuando los animales vertebrados colonizaron la tierra. El mecanismo de la sed asegura que los organismos vivos puedan mantener un balance de hidratación y nutrientes necesarios como el sodio, vitales para el funcionamiento de las células.

Pero lo que los investigadores de la Universidad de Melbourne, Australia, estudiaron fue qué ocurría dentro del cerebro humano cuando una persona bebe para satisfacer la sed. Para ello reclutaron a 20 mujeres y hombres saludables, y los pusieron a hacer ejercicio en una bicicleta fija durante una hora. Luego escanearon su cerebro mediante resonancia magnética, que mide los cambios en el flujo sanguíneo dentro de las diferentes áreas del cerebro.

Primero escanearon mientras saciaban la sed, luego cuando se les dijo que siguiesen bebiendo, a pesar de que su sed había sido saciada. Los voluntarios reportaron que satisfacer la sed fue placentero, mientras que beber una vez satisfechos fue desagradable.

Las áreas iluminadas cuando los voluntarios saciaron su sed fueron el giro cingulado y la corteza orbitofrontal, regiones que juegan un papel importante en la toma de decisiones emocionales.

Por otro lado, cuando los voluntarios tomaron a pesar de estar satisfechos, se iluminaron dos áreas centrales del cerebro, el putamen, el cerebelo y la corteza motora, que están involucradas en el control y la coordinación de los movimientos. Es decir, áreas involucradas en la obligación a la que se sometieron los voluntarios, forzando a su organismo a beber a pesar de que el cerebro había enviado señales de saciedad para que se detuviesen.

También, en menor medida, se iluminaron áreas involucradas en las emociones, la motivación y otras funciones básicas del cerebro. Ahora los científicos conocen los caminos que siguen las señales del cerebro cuando nos dicen que ya tuvimos suficiente. Como vimos, el exceso de agua pueden llevar a muchos problemas de salud.

Gente con esquizofrenia suele beber demasiado, y termina con bajos niveles de sodio, e incluso con edemas cerebrales, por el exceso de líquido en el cerebro, lo que sugiere que las enfermedades mentales pueden desbaratar el manejo que hace el cerebro de las señales de saciedad.

Fuente: LiveScience

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