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¿Dónde está mi capa de invisibilidad?

Todos los que hayan leído El señor de los anillos habrán querido tener la capa de invisibilidad que los elfos le regalan a Frodo. Un tópico de los relatos fantásticos, hoy esta capa podría ser más ciencia ficción que magia, ya que existen prototipos. Pero no se sobre entusiasmen, que todavía no están disponibles en los comercios del barrio.

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Desde hace décadas se viene experimentando con materiales y dispositivos de camuflaje y ocultación, pero apuntado a la industria armamentística. Aviones, principalmente. Pero como los que participan en este tipo de diseños suelen ser industrias privadas, que gastan millones y pasan años desarrollando algo que tal vez no tenga mucha salida en el mercado militar, se están empezando a colar en el mercado del consumo masivo, es decir en el de las personas comunes como usted y yo.

Para lograr la invisibilidad se ha experimentado con los metamateriales, diseñados especialmente en tamaño, forma y estructura. Parece una idea simple, pero los fundamentos científicos son muy complejos. La idea principal consiste en atrapar la luz proveniente de un objeto, guiar esa luz alrededor del objeto que se quiere ocultar, y volverla a su camino original al otro lado del objeto. Es simple, ¿no? Sí, pero sólo de decirlo, lograr hacer eso es jugar con la física y la química.

La capa de invisibilidad se puede lograr no sólo mediante metamateriales, sino valiéndose de trucos ópticos. En 2006, un paper publicado en Science por el profesor John Pendry y colegas, tiró sobre el tapete la teoría sobre la invisibilidad. Faltaba llevarla a la práctica, algo que llevó varios años, ya que había que lograr que algún material flexible y delgado, lograse desviar las ondas de luz. Primero lo pudieron hacer con materiales pequeños, muy pequeños. Luego con otros más grandes pero rígidos.

Pero el problema, para los que queremos ir con nuestra capa de invisibilidad por la calle, es que los científicos no están interesados en esa idea mágica cada vez que se habla de materiales con capacidad de desviar ondas de luz. Ya que las aplicaciones que para ellos resultan más interesantes, son la ocultación magnética, por ejemplo. Que consiste en desviar las ondas magnéticas. O la ocultación del calor, al desviar las ondas de calor del procesador de una computadora, y así mantenerla fría. Otra es la de desviar las ondas sísmicas que pueden generar los terremotos; y relacionadas con estas las de ocultar el sonido.

El último gran avance fue la ocultación perfecta, es decir la desviación completa de las ondas de luz, volviendo totalmente invisible a un objeto. Publicado en Nature, si bien esto se logró con un cilindro de 7,5 cm de diámetro y 1 cm de alto, y que sólo funciona si miramos desde una dirección. Estamos cerca, estamos cerca. Pero si están apurados, vayan a pedirle una capa a los elfos.

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